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sábado, 13 de junio de 2009

Departures, el fin de todo hombre

Daigo, con su cuerpo apoyado en el pretil, miraba apesadumbrado desde lo alto del viejo puente la corriente de agua que descendía incansablemente, aunque sin excesiva fuerza; sólo la suficiente a esa altura, donde los pilares del puente aceleraban la corriente, como para presentar un serio obstáculo a los tercos salmones que trepaban aguas para arriba, mientras otros, ya cadáveres, se dejaban arrastrar.

¿Salmones? – Dijo un señor mayor que pasaba y cuya cara le era conocida.
– contestó Daigo, con esa peculiar cortesía japonesa. A lo que el viejo reaccionó acercándose a mirar.
Están juntos a las rocas… por ahí – señaló efusivamente Daigo, como sólo un japonés sabría hacerlo.
¡Vamos, tú puedes, tú puedes! – Le arengaba el viejo.
Es un poco triste ir contra el río sólo para morir – Inquirió con apatía Daigo mientras guardaba sus manos en los bolsillos de su grueso abrigo – ¿Para qué trabajar tan duro si de todas formas morirás?
Estoy seguro de que quieren regresar a su lugar de nacimiento – Sentenció el viejo, dio media vuelta y se marchó sin darle más importancia, dejando a Daigo en su estado taciturno mientras se volvía a mirar a los peces, sólo que ahora como si fuera uno de ellos que ya ha regresado al hogar.

Tres días he tardado en ver esta película. Departures un film japonés ganador en 2008 al Oscar a mejor película de habla no inglesa. No fue el hecho de estar subtitulada, ni sus 131 minutos de metraje, aunque esto ayudó, sino el incomodo compromiso de acostarme antes de las 12 para estudiar para el último examen de la carrera. Iba a un cuarto de película por noche cuando hoy finalmente la acabé de ver tragándome el de mañana. Me lo zampé porque como diría el jefe de Daigo a la pregunta ¿está rico? – Sí lo está… “ñam” …tristemente. Pero es que si vas hacer algo que tiene que a acabar, mejor que esté rico, y éste largometraje, metafóricamente hablando, lo estaba. – ¡Por cierto! Hablando de comida, también llegué a la conclusión de que no hay nada más desagradable que ver a un japonés comer, aunque también es cierto que nunca había visto a nadie disfrutar tanto comiendo y hacer tantas muecas a la vez. Me pregunto – ¿serán todos los japoneses así?

Y es que aunque la película gire en torno a una funeraria, y aparezcan no uno, sino varios cadáveres, lo más desagradable que verás será a un japonés comer – eso te lo aseguro. Bromas aparte, ironías de la historia, como de la vida, será la dualidad vida y muerte, lo que la Biblia llama la casa del banquete y la casa de luto, lo que la convierte en más que una emotiva película.

Mejor es ir a la casa del luto que a la casa del banquete, porque aquello es el fin de todo hombre, y al que vive lo hará reflexionar en su corazón.” Eclesiastés 7:2

La palabra crisis en japonés (危機 = kiki) oí hace algún tiempo está compuesta por los caracteres 危 = “peligro” y 機 = “oportunidad” y pensé – qué curiosa definición para éste concepto. Tal vez la oportunidad en el peligro esté en evitar el riesgo del daño, y el peligro que hay contenido en la oportunidad esté simplemente en dejarla pasar. Complicado de analizar porque mires por donde lo mires no hay de donde sacar beneficio, salvo que el beneficio sea salvar un perjuicio, y aun eso no es estrictamente algo positivo, sino más bien neutro. Pero aún eso no es siempre posible ¿verdad? y así sucede con lo que es el fin de todo hombre.

Con todo, el proverbio como la película, nos descubren que el trauma de la muerte se sutura con un corazón que reflexiona y no se queda indemne ante el dolor. Tal vez como en pocos casos la oportunidad de la muerte esté en permitir que el peligro nos alcance y suframos el daño que nos haga sentir que estamos despiertos y que la vida que vivimos, la hemos vivir de la única manera que merece ser vivida. Como diría Albert Einstein, sólo una vida vivida para los demás merece la pena ser vivida. Porque si vas hacer algo que se tiene que acabar más vale que esté rico. Ya es demasiado triste que se acabe.

Aunque en este caso la metáfora de la comida se queda corta. Si no es que aún no hemos reflexionado lo suficiente en nuestro corazón. Y lo triste sería pensar que no hay nada más allá de la muerte.

Vivimos en crisis y no la que azota nuestra economía, si no en el peligro de partir de este mundo sin esperanza, sin fe, sin amor, sin Dios y cada día en cambio es una oportunidad. Una oportunidad animada por el único hombre, Dios hecho hombre – Jesús, que venció a la muerte.

lunes, 25 de febrero de 2008

Cambia de perspectiva

Con la pizarra a sus espaldas apoya un pie en la silla, luego otro sobre su escritorio y enderezándose se dirige hacia sus pupilos:
Capitán: ¿Por qué he subido aquí? ¿Quién lo sabe?
Nuwanda: Para sentirse más alto.
Capitán: ¡No!
Ring (el Capitán toca un timbre)
Capitán: Pero gracias por concursar.
Risas
Capitán: Me he subido a mi mesa, para recordarme que debemos mirar constantemente las cosas de un modo diferente.
Silencio
Capitán: El mundo se ve distinto desde aquí arriba. Si no me creen vengan a comprobarlo. Venga. Vamos.
Ruido de zapatos (los alumnos dejan sus pupitres y pasan adelante para subirse uno tras otro a la mesa).
Capitán: Cuándo ustedes crean que saben algo deben mirarlo de un modo distinto, aunque pueda parecer tonto o equivocado,…

Ya casi ni recuerdo la última vez en que me subí de verdad a una mesa, pero… ¿y cuándo fue la última vez que me subí a una mesa? Probablemente la última vez que me sentí como un niño. La última vez que me sentí con la absoluta libertad de destacar mi visión por encima de lo corriente y así, mirar de un modo distinto las cosas sin la desconfianza que produce, precisamente, el hecho de aventurarse a hacer el ridículo

La virtud de un niño, a mi modo de ver las cosas, comienza con su capacidad de simplificar lo grandioso y engrandecer la simpleza. Ésta cualidad lo convierte en un ser humilde, porque ante lo majestuoso responde con llaneza y frente a la simpleza inquiere con asombro.

La inocencia más graciosa que cambia el nombre de las cosas, es ese brillo que te vuelve un niño, es ese brillo que te quita el frío. Este extracto de la letra de una canción de uno de mis grupos favoritos del pop español, Los Secretos, titulada: Volver a ser un niño, en mi opinión, refleja bien la magnificencia de dicha cualidad. En efecto es el requerimiento indispensable que nos hace como niños, y que alcanza a cambiar el nombre de las cosas, o lo que es lo mismo a mirarlo todo de un modo distinto.

La inocencia no tiene porqué entenderse como una merma en el desarrollo de la personalidad. Cuando a la madurez le acompaña la inocencia, porque no creo que sean términos necesariamente contradictorios, entonces no hablamos de ingenuidad, sino del conocimiento certero de nuestras limitaciones.

Claro que no hablo de las inseguridades. De hecho me atrevería a decir que no hay persona más segura, ¿o debiera decir valiente?, que la que sabe cuáles son sus limitaciones. Porque a la postre no hay nada más incisivo que la aguda opinión de uno sobre sí mismo. Y a ese respecto, la autocrítica sería la última frontera frente a la inseguridad.

- Un amigo ha escrito la siguiente frase en el Messenger (espero que no tenga copyright, jeje): “De pequeño me enseñaron a querer ser mayor, de mayor voy a jugar a ser niño.

Durante la niñez se forma el carácter. Nos enseñan a confiar en uno mismo y por ende a desconfiar del prójimo. Si bien, tampoco es del todo cierto esto último, porque más allá de los desconocidos no nos enseñaron a desconfiar del prójimo. Entonces ¿por qué desconfiamos aún de los conocidos? La respuesta a esta pregunta es lo que Carl Sagan llamaría La carga del escepticismo.

En otras circunstancias las posibilidades de coincidir con este hombre serían remotas, pero a este respecto, estoy al menos de acuerdo en dos de las puntualizaciones a las que hacía referencia en su ensayo sobre el escepticismo. La primera es que cierta dosis de escepticismo siempre es saludable y la segunda, que la sociedad actual sufre una profunda crisis de juicio crítico saludable.

De acuerdo con el DRAE el escepticismo, es la desconfianza o duda de la verdad o eficacia de algo. Así pues, como reacción, el escepticismo es algo totalmente natural. El problema es cuando lo convertimos en nuestra filosofía de vida (afirmar que la verdad no existe, o que, si existe, el hombre es incapaz de conocerla). Dicho de otra manera, nunca deberíamos dejarnos dominar por el escepticismo, por muy duro que nos haya golpeado la vida. Al contrario, nosotros hemos de dominarlo, porque hemos de aprovecharnos de él para averiguar si tal decisión es la correcta, si dicha compra es de calidad o hasta qué punto es de confianza tal persona, entre otros muchos ejemplos.

Cuando afirmamos que nuestra sociedad sufre una crisis de juicio crítico, resulta evidente que no nos referimos a opiniones sobre el modelo del nuevo coche del vecino o del escándalo del famoso de turno aparecido en la prensa rosa, no. Eso hasta sobra. Hablamos de que las personas han relegado a un último lugar su interés por inquirir cuánto de verdad hay en lo que escuchan. La televisión, la radio, la prensa, tal vez por este orden, se han convertido en el oráculo de la verdad, y ahora como quien dice: lo que la tele dice va a misa.

El grado de verosimilitud ya no lo juzgamos en función de la cantidad de evidencias, y de la calidad de estas, no. Ahora todo se evalúa de acuerdo al nivel de complejidad de la puesta en escena, el nombre de la corporación y de la voz de ésta y de los medios. Dicho de otro modo, si es bonito y suena bien debe ser verdad. En resumidas cuentas nuestro escepticismo ha sido burlado. Porque si bien hay algo innato en el ser humano que le motiva a desconfiar de un rostro, no existe nada parecido que le produzca la misma sensación si es dicho por una gran corporación. Al menos en estos tiempos.

Como decíamos, el hombre es escéptico por naturaleza. Un hombre dudará de cualquier otro hombre hoy, mañana y siempre. Siempre y cuando ese hombre no sea él mismo. Y esto, amigos, es uno de los mayores desastres de la sociedad moderna. Porque sin quererlo o no, no sólo estamos depositando fe en nosotros mismos, sino en todo el género humano (humanismo). De manera que (sin quererlo o no), estamos creando vínculos con corporaciones, nacionalidades, partidos políticos, religiones, filosofías, equipos de deporte, hacia los cuales ligamos nuestra suerte. De manera que su victoria es nuestra victoria; y su derrota, nuestra derrota; pero contad de alcanzar lo primero, si es necesario, sacrificamos la verdad, sin caer en la cuenta que no nos burlamos de nadie, sino sólo de nosotros mismos.

Entonces, cuan estimulante es, y necesario, cambiar de perspectiva.

Hoy salí a correr, y al contrario que en las demás ocasiones en las que suelo pensar en cuestiones personales, sólo me concentré en la respiración y en alcanzar una meta mejor. Aquella esquina, y cuando llegaba aquella esquina, me retaba con la siguiente. Para cuando me di cuenta, había logrado mí mejor y más larga carrera, pese a llevar un tiempo descuidado.

Lo que quiero transmitir con esto es la misma idea que venimos enfatizando: debemos cambiar de perspectiva continuamente. Porque pudiera ser que nos acomodemos a ver las cosas de cierta forma y llegue al punto que dicha forma, nuestra forma, nos parezca la mejor. Pero no, no debe ser así, antes hemos de buscar primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas las demás cosas serán añadidas. Además, entre tanto no hemos de ocultar nuestra naturaleza, sino que siendo sinceros, reconozcamos nuestro pecado. Porque si de alguien no nos hemos de fiar, para empezar es de nosotros mismos. Y por tanto corramos no como habiéndolo alcanzado ya; pero una cosa hagamos: olvidando lo que queda atrás y extendiéndonos a lo que está delante, prosigamos hacia la meta para obtener el premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. Y vayamos con nuestra fe, por muy sencilla u escéptica que sea, ya fuere como la de aquel padre que tenía su hijo enfermo y al cual Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible. E inmediatamente el padre del muchacho clamó y dijo: Creo; ayuda mi incredulidad. Y cuando Jesús vio que la multitud se agolpaba, reprendió al espíritu inmundo, diciéndole: Espíritu mudo y sordo, yo te mando, sal de él, y no entres más en él. Y así teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.

sábado, 1 de diciembre de 2007

Diálogos que dan sentido

Benjamin Magay: El corazón me dice que las personas son buenas por naturaleza, mi experiencia lo contrario. ¿Qué opina usted? Señor Archer. En su carrera como periodista, ¿cree que las personas son por naturaleza buenas?
Sr. Archer: No. Diría que sólo son personas.
Benjamin Magay
: ¡Exacto! Sólo nuestros actos nos hacen buenos o malos. Mmmn… un momento de amor, incluso en una mala persona, puede dar sentido a una vida. ¿Quién sabe qué camino nos llevará hasta Dios?
En las películas como en la vida existen dos tipos de diálogo. Uno, los creados para rellenar metraje y dos, los que quieren transmitir mensaje. La realidad es que si algún cineasta pretendiera llenar toda su cinta con mensajes, ésta no llegaría ni a proyecto de bola de papel en la basura del más altruista de los productores. Y de llegar a algo, ya no sería película, del mismo modo que la vida ya no sería vida. Pero tal vez un único mensaje de sentido a todo un metraje. Lo que quiero decir con esto es que una decisión, una palabra escogida, o una frase meditada pueden dar sentido a toda una vida, o al menos a un sólo día.

Diamantes de sangre, es la prueba de que por ahora ésta afirmación se cumple en el cine. Ya veremos si en la vida. Pero en el film lo realmente importante no es la historia. De hecho las letras del final tan sólo nos confirman lo que todos ya sabíamos cuando nos dispusimos a ver la película. En efecto se trata de una ficción basada en hechos reales, y por tanto en cosas ya pasadas. Y ya no hay forma de cerrar las cicatrices y heridas que dejó aquella guerra. Ahora lo realmente importante es no cuanto mal haya pasado, ni cuánto mal hayamos permitido e incluso alentado, como sucede con nuestro protagonista el Sr. Archer. Sino que en el hoy y en el ahora, un solo diálogo, como en el que se sucede al final de la película, puede impedir que vuelva a suceder, puede dar sentido a todo una vida. Independientemente del odio y la malicia que hayamos arrastrado a lo largo de toda nuestra vida.

Si esto no fuera así en la vida real, no habría esperanza para los niños soldados, no existirían las cárceles, porque no creeríamos en la reinserción social y tan siquiera existirían los exámenes en segunda convocatoria, tercera, y aún menos la extraordinaria de febrero. El pasado está ahí, de hecho probablemente el pasado nos perseguirá durante largo tiempo, y en algunos casos, los más duros, toda la vida. Pero el pasado es historia pasada contra la cual no podemos hacer nada, salvo la decisión de que no vuelva a repetirse. Eso no nos convierte en buenas personas, pero tampoco nos quita de ser malas personas. Sólo somos personas. Humanos. Es decir, criaturas moralmente libres pero esclavas de la avaricia y el orgullo; del pecado.

Dios es tajante a este respecto: “no hay justo ni aún uno” y “el que incumple uno sólo de los mandamientos transgresor se hace de toda la ley.” Por lo tanto, sólo hay una condición para el hombre, la de caído. Y ni tan siquiera dentro de ésta definición existen rangos, todos somos culpables.

No obstante un momento de amor dio sentido a toda una vida. ¡Pero qué digo a una vida! A muchas vidas. Ese momento fue el sacrificio de Jesús en la cruz. El Justo por los injustos. El Dios de dioses por las criaturas. 33 años de vida que tal y como nos ha llegado a nosotros son 30 años llenos de diálogo mudo y 3 años de dialogo con un mensaje comprimido en cuatro evangelios. Y aun de no haberse sucedido su dialogo final allá en la cruz, ninguno de aquellos años hubiera tenido sentido. Nos referimos al dialogo entre el Padre y el Hijo, aquel que concluyó con el grito de victoria: ¡Consumado es!

De no ser así sólo habría personas zarandeadas de arriba abajo, del bien al mal sin distinguir el camino que nos conduciría a Dios. Mas ahora por el Hijo, el Enmanuel que traducido es Dios con nosotros, tenemos dicho camino a través del cual hemos sido reconciliados con el Padre. Por tanto no hay personas buenas o malas, hay personas perdonadas o no. Y el perdón o la salvación ya no es cuestión de un acto de bondad que contrarreste nuestros errores, sino de un paso de fe en el infinito momento de amor de Jesús.

jueves, 11 de octubre de 2007

Trascendencia en la pequeña pantalla

Estás cruzando un desierto y la sed te invade y te domina. Si sigues andando, ya no es porque quieras salir de ese paraje, es porque quieres encontrar agua. Andas y andas y cada vez la necesidad se vuelve más apremiante, pero sólo hallas espejismos de ilusión y cactus llenos de espinas. Entonces, coges una piedra y con tus últimas fuerzas la estampas contra el verde cactus que derrama el agua amarga que bebes...

Es cuánto menos curioso que las series del momento sean: Héroes, Lost (Perdidos), Kyle XY, Los 4400, House, Me llamo Earl, Battlestar Galáctica, Stargate y alguna más que seguro se me escapa. El caso es éste: que teniendo todas las papeletas para convertirnos en la generación más intrascendente que ha parido madre, y no por falta de logros sino por nuestra anémica forma de pensar, resulte, en cambio, que la pequeña pantalla se esté llenando de historias cargadas de los argumentos y pensamientos que tradicionalmente se han vinculado a la filosofía y la religión.

¿Qué fuerza o ser sobrenatural rige el destino de los supervivientes de un accidente aéreo en una isla perdida del pacífico? ¿Por qué todos los enfermos mienten cuando se juegan la vida en ello? ¿Los incidentes que nos acaecen son sólo anécdotas de la casualidad o tienen que ver con el propósito eterno de Dios? ¿Es verdad que si hacemos cosas buenas, nos pasan también cosas buenas? ¿Cuál es el destino de la humanidad? ¿Debemos ser honestos cuando nos preguntan, aun cuando sabemos que no es la verdad lo que quieren oír? ¿Existe tal cosa como el destino? ¿Y qué es el destino? [...] Son sólo algunas de las preguntas que directa o indirectamente nos plantean las series del momento. Evidentemente las preguntas no dejan de estar basadas en historias fantásticas, pero... ¿acaso éstas historias no están construidas con los pensamientos de nuestra realidad?

Los precedentes, en el 7ºArte trascendente

Bueno, evidentemente esto no es algo nuevo. De hecho, parto de la base de que toda expresión humana del arte es trascendente; incluso la abstracta, porque tiene la pretensión de pasar a la posteridad, además de sugerir significado más allá de su significante. El corazón del hombre latirá un número determinado de veces, pero su espíritu vivirá eternamente. En otras palabras: Dios lo hizo todo hermoso en su tiempo y puso eternidad en el corazón del hombre.

No sé quien abriría la brecha, siempre hay una primera vez para todo, pero estoy seguro que películas como 2001 Odisea en el espacio en 1968, o La Guerra de las Galaxias en 1977, marcarían un antes y un después. Yo me inclino más por ésta última, por aquello de ser totalmente original y no una adaptación para el cine como la anterior, por eso y porque Star Wars no tiene ninguna base ni pretensión científica, por pequeña que ésta fuera. En cambio está cargada de cuestiones morales, como la lucha entre el bien y el mal; o cuestiones metafísicas, como la existencia de un destino, la revelación de profecías y la vida más allá de la muerte, entre otras.

Sin duda Star Wars se ha convertido en el mayor exponente de trascendencia en el 7ºArte. Y la prueba de ello es la comunidad religiosa que ha surgido entorno a la doctrina jedi, enmarcada en los episodios de la saga y en lo que se denomina el universo expandido: dibujos animados, libros, comics, todo lo que teniendo que ver con la película tiene el sello Lucas Arts. Tal vez a la mayoría esto nos suene a chiste, pero no se trata de ninguna broma, en Gran Bretaña en el año 2001, el jedismo ya era la cuarta religión, por delante del judaísmo.

De la gran pantalla a la pequeña pantalla.

Probablemente los títulos que más nos sonarán serán Héroes y Lost, pero sin duda no han sido los primeros. Como con el cine tampoco sé por dónde empezó ésta fiebre, tampoco me importa mucho, pero sé que por allá en 1978 se estrenaba una serie llamada Galáctica, Estrella de Combate que por la razón que fuera, aunque intuyo el porqué, tan sólo duró dos temporadas y al menos una malograda película. En cambio en el 2003 salía un remake de ésta serie, con el título Battlestar Galáctica, que ya va camino de su cuarta temporada. ¿Casualidad? Tal vez, pero el argumento es el mismo. Por cierto, para quien haya visto Los Diez Mandamientos de Charlton Heston, o mejor, haya leído el libro del Éxodo, la historia le resultará tremendamente familiar.

Si bien, en honor a la verdad, muchos años antes, en 1966, se emitía por vez primera una serie llamada Star Trek, que desde entonces no ha parado... o como saludaría un vulcano, ha tenido una Larga y prospera vida, jeje qué friki. Pero quizás no sea el prototipo de serial trascendente, porque al contrario que el resto, aquí el protagonista, la raza humana, sólo son virtudes. Por descontado que es una serie que peca de seudo-científica, por aquello de que pretenda explicar en términos científicos lo que se ignora; pero es cuánto menos curioso que se dibuje la visión utópica de un planeta tierra en donde el mal ya no existe más, y en cambio, para esto, no halle ningún tipo de explicación.

Básicamente de la noche a la mañana la humanidad, tras su primer contacto con una raza alienígena, los vulcanos, pasamos de pelearnos entre nosotros mismos a explorar el Universo e ir solventando los problemas del resto de razas que pueblan el Cosmos. Lo cual es realmente ilustrativo, porque por una parte en esos alienígenas la serie proyecta nuestros pecados y por otra parte, comprobamos que en el fondo, estamos esperando que por arte de magia, algo o alguien venga de las estrellas y de repente seamos transformados en las fantásticas criaturas que no somos. No sé, pero viendo este tipo de series, con sólo pensarlo un poco, es dificil no creer que somos criaturas pecadoras y que necesitamos ser salvados, principalmente de nosotros mismos.

La pequeña cartelera.

Tenemos muchas series, ya las citamos al principio, pero ésta es la que más me ha gustado, y como ya ha acabado, valga esto como homenaje, jeje.

A falta de emitirse la última temporada de
Stargate SG-1 (ver aquí: fan site) en España, en los Estados Unidos ya se ha despedido la que, a mi juicio, es posiblemente la serie que mejor ha sabido mezclar el humor, la fantasía y la ciencia ficción. La trama, en resumidas cuentas, va de un grupo de operaciones especiales, que viaja por las estrellas a través de puertas intergalácticas, que crean artificialmente momentáneos agujeros de gusano que permiten teletransportar a aquellos que la atraviesen en cuestion de segundos. En estos planetas se enfrentan a multitud de peligros, pero el mayor de todos es una raza alienígena usurpadora de cuerpos, conocida como los Goa'ul, que se hacen pasar por dioses y cuyo único fin es someter a toda la Galaxia.

Cuenta la historia que hubo un tiempo en que los humanos también estuvieron bajo su yugo. Aquellos Goa'ul tomaron el control de los cuerpos de viejos emperadores y reyes, como los faraones. Pero una rebelión logró expulsarlos del planeta, y para evitar que volvieran, los egipcios enterraron el Stargate o Chapajai. La misma puerta intergaláctica que unos arqueólogos en el S.XX encontraría en unas excavaciones. La misma por la que ahora las Fuerzas Aéreas de los EE.UU. enviaban a estas fuerzas especiales con objeto de adquirir nueva tecnología y así luchar contra los falsos dioses, lo Goa'ul.

Es interesante como la serie usa la mitología griega, celta, babilónica, egipcia,... para dar un toque de verisimilitud a la historia. También es verdad que se toman muchas licencias. Pero lo curioso de todo ello es que dentro del fantástico mundo de Stargate, no saben donde incluir la religión judeocristiana y todos sus derivados. Estoy casi seguro que es por una cuestión de respeto. Pero no deja de llamarnos la atención que a la vez que se cuenta la historia de la lucha contra los falsos dioses, entre los personajes, a menudo surjan conversaciones sobre la fe. Que a pesar de tanta mentira y engaño en torno a la religión, exista aún el anhelo de conocer y ser conocido por el Creador. Como diría A. N. Wilson (según cita de John Stott) - Aunque descarto cualquier lealtad religiosa formal, que desprecio como esa combinación moribunda de superstición y engaño, con todo reconozco que hallo fuertes impulsos religiosos dentro de mí y sentimientos de humildad indescriptible ante el misterio de las cosas.1 Bastaría decir, que en la última escena de la serie, el the end, se ve al grupo de operaciones dirigirse hacia la puerta a enfrentarse contra los falsos dioses, mientras el general de la base les dice: id con Dios.

¿Qué es trascendencia?

Según John Sott: "Hasta hace relativamente poco tiempo, la palabra "trascendencia" ha sido una palabra un tanto pedante, poco usada, mal entendida y, en general, restringida a las instituciones de formación teológica, que distinguen entre trascendencia (que significa: Dios por encima de nosotros) e inmanencia (que significa: Dios con y en medio de nosotros). Sin embargo, hoy en día, principalmente debido a la moda de la meditación trascendental, todo el mundo tiene alguna idea de lo que significa trascendencia. La búsqueda de trascendencia es la búsqueda de una realidad que está por encima y más allá del orden material. Nace de la convicción de que la realidad no se puede confinar a un tubo de ensayo o a un cristal que examinamos bajo el microscopio. Tiene que haber algo más, algo impresionante, que ningún instrumento científico es capaz de captar o medir."1

La casualidad que el episodio 10x6 de Stargate, que veía la pasada noche, cerraba con la siguiente cita: "La ciencia ficción es una metáfora existencial que nos permite contar historias sobre la condición humana. Isaac Asimov dijo una vez: - Las historias de ciencia ficción individualmente podrían parecer triviales a los pensadores y filósofos de hoy en día. Pero el núcleo de la ciencia ficción es el único camino a la salvación, si es que vamos a salvarnos después de todo."

Quién sabe, pero a lo mejor resulta que Isaac Asimov no iba del todo mal encaminado, con aquello de que el núcleo de la ciencia ficción es el único camino a la salvación. Sí, puede, porque tal vez el núcleo de la ciencia ficción sea una manifestación más de la sempiterna sed de trascendencia del ser humano; de la sed de Dios. Y en ese sentido sólo Dios puede saciar nuestra sed, porque nuestra necesidad al fin y al cabo es Él mismo. No se trata de encontrar un sorbo de agua más, aunque sea amarga, que nos permita caminar hasta la próxima oportunidad de tomar otro trago, con la única esperanza de que ésta vez no sea amarga. Nuestra necesidad es salir del desierto en el que vivimos, hallar las respuestas a las preguntas que el ser humano siempre se ha hecho y siempre se hará.

"Tomás le dijo: Señor no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino? Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida nadie viene al Padre, sino por mí. Si me conocieseis, también a mi Padre conocerías; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto."

1 pag 86-87. Porque soy cristiano de John Stott.
Editorial Andamio - ISBN 84-96551-20-2

domingo, 24 de junio de 2007

Y entonces... ¡entendí el perdón!

- Kate: Quiero contarte lo que hice. Porqué me perseguía.
- Héroe: No importa Kate quienes eramos, hicimos antes de esto. Antes del accidente. Realmente... todos morimos hace tres días. Sí. Tenemos derecho a empezar de nuevo.
- Kate: De acuerdo.
- Héroe: De acuerdo.

Kate había sido perdonada. Se había perdido sí, pero no su persona, sino su pasado.
Llegan las vacaciones y el tiempo libre por suerte, o por desgracia cuando no sabes en que gastarlo, se multiplica. El caso es que como buen aficionado a las teleseries me propuse echar un vistazo a Perdidos (lost) y con eso ampliar el género (Héroes, Me llamo Earl, Stargate,...).

Pues bien, por lo visto dicen que es muy buena. Pero hasta aquí sólo he visto el tercer capítulo de la primera temporada y... sí, me lo debe de parecer, (nota mental) porque ya estoy escribiendo sobre ella. Está bien que sea todo lo surrealista que quiera ser, pero acostumbrado a ver Star Trek, un oso polar por medio de la selva es una anécdota para mí de lo menos impresionante. En cambio, lo que sí me ha llamado la atención es la carga espiritual de la serie, que en pocos minutos, en el ocaso de este capítulo, resulta realmente revelador.

Tal vez los héroes no existan, decía una voz en off mientras la película proyectaba sus últimas imágenes en Bandera de nuestros padres, los héroes son algo que necesitamos, es nuestra forma de comprender lo incomprensible. Cómo puede alguien sacrificarse tanto por los demás.

Jack Shepard, el protagonista de nuestra serie, no se consideraba un héroe, él sólo hacia lo que creía correcto. Su profesión era la medicina; y cuando intentaba mediar en una discusión, sólo hacía eso, lo que creía correcto. Nunca pretendió ser un héroe, pero así lo veía la gente. Aún el que lo llamó sarcásticamente así, debió ser porque en su fuero interno así lo sentía. Todos estaban traumatizados. Todos necesitaban un héroe. Todos gritaban a lo Bonnie Tyler, pero con más dramatismo, ¡I need a hero! I'm holding out for a hero till the end of the night.

No obstante, algunos como Kate o aquel que sarcásticamente se refería a Jack como el "héroe", parecían no necesitarlo, probablemente ellos mismos, a su forma, también eran héroes. Pero hasta los héroes necesitan creer en héroes, y Jack no era menos. Probablemente por ese motivo resultaba tan comprensible con Kate y los demás. Digamos que él necesitaba también de su propia medicina. Después de todo, un héroe, como diría Emerson, sólo es una persona corriente que ha decidido no retroceder ni renunciar a sus valores.

Aquellos mismos valores que tanta admiración causaban entre los "sobrevivientes", marcaban la diferencia entre parecer un héroe o convertirse en su propio archienemigo. Es por eso que sus palabras no eran en tercera persona. Él las necesitaba tanto como Kate, o más. Quién sabe, sino fuera porque es un personaje de ficción.

En cambio, ¿y nosotros? No seremos personajes de ficción, pero también necesitamos ser perdonados. Necesitamos un "héroe/heroína", no de ficción, que nos diga en aquel momento oportuno lo que necesitamos oír: "No estamos perdidos, solo ha llegado el momento de empezar de nuevo." Porque si bien lo fácil es hacer la maleta y cambiar de aires, a menos de saberse perdonado, uno no puede empezar de nuevo olvidando lo pasado. Valga la redundancia, todo empieza por la necesidad de sentirse necesitado, porque aún por muy heroicos que nos veamos, como decíamos, hasta el mejor de los héroes necesita creer.

Como diría Pablo en su segunda carta a los corintios "Pues el amor de Cristo nos apremia, habiendo llegado a esta conclusión: que uno murió por todos, por consiguiente, todos murieron." Todo aquel que con premura crea en Cristo, como el doctor Jack Shepard, salvando el contexto, puede decir: "hace tres días (y dos mil y pico años, añado), todos morimos" allí en la Cruz, y por ende "tenemos derecho a empezar de nuevo" puesto que "si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí, son hechas nuevas."

"De manera que nosotros de ahora en adelante ya no conocemos a nadie según la carne; aunque hemos conocido a Cristo según la carne, sin embargo, ahora ya no le conocemos así." porque si hemos escuchados las palabras: "No estás perdido, ha llegado el momento de empezar de nuevo," es justo que del mismo modo tratemos así a nuestros semejantes. Porque si en la cruz todos morimos, al tercer día todos los que creeimos también hemos resucitado. En ese sentido ya no conocemos a Cristo según la carne. Ni tampoco debiéramos conocer así a nuestro prójimo, sea amigo o enemigo, si es que en verdad hemos entendido el misterio de la reconciliación.

"Todo esto procede de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por medio de Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; a saber, que Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo mismo, no tomando en cuenta a los hombres sus transgresiones, y nos ha encomendado a nosotros la palabra de la reconciliación." Puesto que "por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos." Ese es nuestro valor, la reconciliación que es por medio de Cristo, y renunciar a tal, no solo nos convierte en enemigos de Dios, sino de nosotros mismos y de nuestros semejantes. En cambio, retenerlo es la gracia que nos convierte en héroes, es decir, personas corrientes que no retroceden, sino que cuando caen, errando, se reconcilian con Dios y Él los levanta. La gracia que nos hace embajadores/héroes que están ahí para decirte "No todo está perdido, sino que ha llegado el momento de empezar de nuevo."

"Por tanto, somos embajadores de Cristo, como si Dios rogara por medio de nosotros; en nombre de Cristo os rogamos: ¡Reconciliaos con Dios! Al que no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios en El."