viernes, 28 de agosto de 2015
jueves, 19 de noviembre de 2009
Érase una vez...
La historia que sigue es un resumen de los primero capítulos de El médico, una novela de Noah Gordon, que si bien no he acabado desde ya os la podría sugerir si es que os gusta la novela histórica. Pero empecemos de una vez, ya que es larga, y como de verdad se cuentan las historias…
Cuando leía esta historia no pude evitar en ver un comportamiento reflejo en el ser humano, así como Rob con Barber en aquel instante, el del hombre con Dios. Este cuento no sirve para sentar cátedra ni mucho menos, pero tal vez estaréis de acuerdo conmigo que los hombres, tanto varones como mujeres (hoy día hay que aclararlo), sienten fuertes impulsos a justificarse frente a Dios. A menudo es normal sentir un sentimiento de satisfacción, más grande de lo normal, ante las cosas buenas que hacemos, nuestros logros, victorias y demás; y aunque sólo sea en nuestro subconsciente estas cosas las presentamos delante de Dios como ofrendas de paz, es decir, como obras que pretenden ganarse Su favor. Esto, más o menos es fácil de discernir, pues se amolda a nuestra razón, y de hecho prácticamente es la base de todas las doctrinas religiosas humanas… y es más, quien no ha sentido alguna vez ese orgullo tan característico, o le ha oído hablar a alguien acerca de la muerte… y decir con descaro: “yo soy bueno.” Ahora, lo más extraño, y tal vez complicado de entender, es ese sentimiento de justificación frente a las cosas malas, nuestros errores y de más… no hablo del orgullo, pues eso es la ausencia de dicho término; no se justifica quien reniega de sus fallos, ni tampoco quien los defiende, pues si acaso justifica su pecado pero no a sí mismo como pecador. En fin, cuando hablamos del que se justifica frente a la pena, el error, el fracaso, hablamos de la persona que espera recibir el castigo, que se dice a sí mismo: “lo merezco.”
Para Dios ambos sentimiento son aborrecibles. Él ni busca ilustrados juristas que saquen oro de lo que la Biblia llama a nuestras mejoras obras como trapos de inmundicia, ni austeros soñadores que se arrastran por el suelo sin hacer nada salvo esperar las fatales consecuencias de sus actos.
En una ocasión Jesús dirigiéndose a una multitud, en lo que luego se conocería como el sermón del monte, hablando dijo: “¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?”
Usando el texto como pretexto, vemos a Barber, el cual ni siquiera era el padre de Rob, y en cambio sólo desea lo mejor para el joven chico. En ese sentido cuánto más Dios, ¿verdad? A lo largo de la vida Dios usa las circunstancias que nos rodean y las consecuencias de sus percances para disciplinarnos. En definitiva para que abramos los ojos y desentaponemos los oídos, y entendamos la trascendencia de la vida, de los actos que cometemos y pueden afectar a otros, y sobre todo de nuestro destino.
Así mismo el hombre, en lo que concierne a la eternidad, no puede ser dueño de su destino ni por muy entusiasta que sea, ni por muy autocompasivo y triste que sea. Rob pasó en su pequeña experiencia por las dos etapas. Con un pequeño esfuerzo hizo bailar, una, dos, tres y hasta cuatro bolas, pero llegado las cinco y tras sus reiterados fracasos cedió a la autocompasión y la aceptación de la derrota. Se hizo necesaria la intervención de Barber para restaurar el equilibrio de los sentimientos del pequeño Rob.
Paralelamente el hombre vive entusiasmado cuando su religión le exige obras, que aunque no carentes de esfuerzo, sí están a su alcance. Pero cuando descubre en su interior la realidad de que nada de eso le satisface y llena el vacío de su interior; cuando descubre ya sea por la conciencia o por la Escritura que Dios es mucho mayor que eso, y en cambio persiste en sus ofrendas de paz sin la certidumbre de que estás sirvan de algo, al contrario empieza a sentir que el ultimátum se acerca y que no ha alcanzado la medida divina; pasa al extremo contrario… esperar los reveses de la vida sin esperanza y tal vez, si tiene el entendimiento suficiente, incluso la muerte.
En cambio Dios está esperando que clamemos a Él, no que traigamos ofrendas de paz ni le lloremos al vacío. La única ofrenda de paz que mereció la pena en esta vida para Dios fue la que Jesús realizó en la Cruz, y nuestra prueba es que Él resucitó. Como la parábola de Jesús, Él está esperando que le pidamos, ahí nos dice que es un Dios misericordioso.
En el mismo instante que clamamos a Jesús Él viene con los brazos abiertos y no para castigarnos, como por un momento pudo pensar aquel chico de su maestro. Sino para estrecharnos entre sus brazos, sin hacer caso a las “manzanas” que por el camino cayeron y echamos a perder. Porque Jesús ya pagó por ellas, justificándonos a nosotros, que no al pecado, y haciendo nuestro su éxito, así como en la historia, salvando los matices de que aquellos es ni tan siquiera una parábola, sino sólo un cuento.
Y colorin colorado esto en cambio no es un cuento y mucho menos se ha acabado.
Érase una vez Rob J., un niño de apenas 9 años (al menos esa fue mi impresión mientras leía la novela, porque detalles como la edad siempre escapan a mi atención) cuando ya había perdido a su madre, y a su padre, en dicho orden. La madre, quien había fallecido después de habérsele complicado el parto del que debía ser su quinto hermano (otro número de esos que no suelo recordar), y su padre un año o dos después a causa de lo que hoy un doctor hubiera diagnosticado de neumonía, debido a las largas y duras jornadas de trabajo en el río Támesis, reparando los embarcaderos de Londres.
El pequeño Rob sufrió en sus carnes la cruel paradoja de ser pequeño siendo el mayor de digamos… seis hermanos (elemental si dijimos que el último fue su quinto hermano). Y como era costumbre en aquella época a menos que hubiera algún familiar los hijos de un trabajador de un gremio en caso de orfandad eran repartidos entre los miembros del mismo. Pero Rob por ser ya un chico “demasiado grande” no encontró ningún lugar de acogida. Y así pasó algún tiempo, mientras esperaba lo peor… tal vez ser traicioneramente vendido como esclavo.
Un buen día un señor de apariencia corpulenta llamó a la casa donde siempre había vivido, ahora vacía de mobiliario y calor humano. Aquel hombre venía a proponerle una oferta o tal vez, dudó Rob, sólo el ardid de un engaño para venderlo como esclavo. Pero pasado el susto y una vez logró espantar sus temores, accedió a la propuesta del señor Barber, como se hacía llamar. Sería por lo pronto el joven ayudante de un barbero cirujano itinerante.
Cuanto menos lo que le ofrecía aquel hombre era curioso. Pero por su apariencia nadie podía negar que le fuera bien. En su carretón rojo recorría toda Inglaterra ofreciendo sus servicios por allí y por allá. Detenía su lustroso carromato en las plazas y preparaba su escenario procurando levantar la mayor algarabía posible que atrajera a la mayor cantidad de público que hubiera. Y con su peculiar y persuasiva personalidad encandilaba con su retórica, a jóvenes y mayores, hombres y mujeres (sobre todo mujeres), mientras realizaba asombrosos juegos de presdigitación y magia para posteriormente vender la afamada “panacea universal”, que sólo en la intimidad él podía reconocer como “humo”, y tal vez tratar algún traumatismo y poco más.
En un principio el trabajo del joven aprendiz no pasaba de mozo de carga, recolector de leña y nada más. Pero ese no era el único destino que le tenía preparado Barber. Éste veía en su chico a un muchacho muy prometedor. No en vano, había tenido la suerte de tener a una madre que había sido educada en un monasterio y la misma le había enseñado historia y a leer y escribir en latín, lo cual no era muy corriente para un chico de su edad. Sin embargo el mayor desafío al que se enfrentó Rob fue aprender los juegos de presdigitación. Hacer malabares con bolas de colores.
Primero con una bola, dos, tres y hasta cuatro bolas hechas en madera. En realidad fue relativamente fácil hacer juego malabares con hasta cuatro bolas. Pero eso no tenía nada de especial para su mecenas, Barber, quien instigó al joven Rob a sumar una bola más, o de lo contrario, pese al palpable aprecio que le había cogido al muchacho, sintiéndolo mucho, tendría que despedirlo a razón que necesitaba un ayudante habilidoso que llamara la atención de su público, y esa era, a su modo de ver la medida de su ayudante, un joven que lograra bailar en el aire cinco simples bolas.
Acudió el frío invierno y como de costumbre Barber se refugió en su casa solariega en un humilde pueblo de la antigua Britania del rey Canuto (no, no es broma, aquel era su nombre real, y de real es ambivalente evidentemente). El caso era ese, el duro invierno les impedía a ambos ejercer su trabajo itinerante y por tanto ese era el plazo para Rob, el tiempo en que tardara en llegar la primavera, el espacio de tiempo que tenía para aprender a lanzar las cinco bolas, o de lo contrario como le prometió Barber lo dejaría en el puerto más cercano.
Pero pasaban las semanas y al contrario Rob no sólo no lograba hacerse con el truco sino que al contrario se sentía cada vez más torpe. A la postre las señales inequívocas de la proximidad de la primavera se sentían ya en el ambiente y aunque el frío ya no era lo agresivo que había sido días atrás los caminos aún seguían sin estar en condiciones de ser transitados. No obstante Barber y el joven mozo bajo sus órdenes comenzaban a realizar los preparativos para la salida. Aquellos fueron los peores días porque ambos respiraban la tensión del ultimátum y más cuando, después de comprobar el cirujano barbero que el chico había perdido ya toda esperanza, decidió castigarlo duramente para que no cejase en su empeño por bailar las cinco bolas. Estrictamente le golpeaba con una vara en los muslos cada vez que fracasaba, mientras le exhortaba a intentarlo una y otra vez, con el pretexto de que así tendría una razón más para superarse, pues le advertía al chico que el mismo fracaso le había arrebatado la ilusión por alcanzar el premio.
Sin embargo, después de muchos intentos y por tanto muchos golpes Barber dejó descansar al chico, ahora entre sollozos y con los muslos claramente doloridos. Aquella misma noche después de sanarle las heridas causadas por los golpes le anunció que a la mañana siguiente partirían, y como le había prometido lo dejaría en un importante puerto marinero con el fin de que pudiera buscarse la vida.
Amaneció el día siguiente y Barber le ordenó sus últimos servicios, cargar el carromato con los víveres que habían acumulado días atrás. Así Rob se dirigió al almacén y empezó a trasladar los bultos y cuando le tóco el turno a la cesta de manzanas, cogió una, dos, tres, cuatro y cinco, las lanzó al aire pero pronto dos de ellas cayeron al suelo dañándose. Sabía que si Barber se enteraba que estaba estropeando la comida así se lo haría pagar. Aún le dolían los muslos que le hacían recordar su estado de humor. De todas formas lo volvió a intentar y por un segundo allí estaba bailando las cinco bolas. Increíblemente para su sorpresa lo había conseguido pero con la misma emoción, incontrolada, perdió el equilibrio y se le volvieron a caer. Ahora lo volvería a intentar, a sabiendas que lo podía hacer pero cuando hubo lanzado otra vez las cinco manzanas rojas y empezó a bailarlas de abajo a arriba, escuchó la puerta abrirse y perdiendo la concentración se le cayó de nuevo. Entonces girándose vio al enorme Barber con los brazos levantados aproximándose hacia él, en una posición claramente amenazadora, mientras varias manzanas rodaban por el suelo. Rob se encogió y cerró los ojos esperando recibir un castigo por semejante desperdicio. Pero fue entonces cuando oyó gritar Barber: ¡Te he visto, te he visto! ¡Lo has logrado! y seguidamente estrechándolo entre sus brazos lo levantó en el aire. Aquel ultimátum nunca se cumplió y Barber se convirtió para Rob en lo más parecido a un padre, además de su maestro barbero cirujano.
Cuando leía esta historia no pude evitar en ver un comportamiento reflejo en el ser humano, así como Rob con Barber en aquel instante, el del hombre con Dios. Este cuento no sirve para sentar cátedra ni mucho menos, pero tal vez estaréis de acuerdo conmigo que los hombres, tanto varones como mujeres (hoy día hay que aclararlo), sienten fuertes impulsos a justificarse frente a Dios. A menudo es normal sentir un sentimiento de satisfacción, más grande de lo normal, ante las cosas buenas que hacemos, nuestros logros, victorias y demás; y aunque sólo sea en nuestro subconsciente estas cosas las presentamos delante de Dios como ofrendas de paz, es decir, como obras que pretenden ganarse Su favor. Esto, más o menos es fácil de discernir, pues se amolda a nuestra razón, y de hecho prácticamente es la base de todas las doctrinas religiosas humanas… y es más, quien no ha sentido alguna vez ese orgullo tan característico, o le ha oído hablar a alguien acerca de la muerte… y decir con descaro: “yo soy bueno.” Ahora, lo más extraño, y tal vez complicado de entender, es ese sentimiento de justificación frente a las cosas malas, nuestros errores y de más… no hablo del orgullo, pues eso es la ausencia de dicho término; no se justifica quien reniega de sus fallos, ni tampoco quien los defiende, pues si acaso justifica su pecado pero no a sí mismo como pecador. En fin, cuando hablamos del que se justifica frente a la pena, el error, el fracaso, hablamos de la persona que espera recibir el castigo, que se dice a sí mismo: “lo merezco.”Para Dios ambos sentimiento son aborrecibles. Él ni busca ilustrados juristas que saquen oro de lo que la Biblia llama a nuestras mejoras obras como trapos de inmundicia, ni austeros soñadores que se arrastran por el suelo sin hacer nada salvo esperar las fatales consecuencias de sus actos.
En una ocasión Jesús dirigiéndose a una multitud, en lo que luego se conocería como el sermón del monte, hablando dijo: “¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?”
Usando el texto como pretexto, vemos a Barber, el cual ni siquiera era el padre de Rob, y en cambio sólo desea lo mejor para el joven chico. En ese sentido cuánto más Dios, ¿verdad? A lo largo de la vida Dios usa las circunstancias que nos rodean y las consecuencias de sus percances para disciplinarnos. En definitiva para que abramos los ojos y desentaponemos los oídos, y entendamos la trascendencia de la vida, de los actos que cometemos y pueden afectar a otros, y sobre todo de nuestro destino.
Así mismo el hombre, en lo que concierne a la eternidad, no puede ser dueño de su destino ni por muy entusiasta que sea, ni por muy autocompasivo y triste que sea. Rob pasó en su pequeña experiencia por las dos etapas. Con un pequeño esfuerzo hizo bailar, una, dos, tres y hasta cuatro bolas, pero llegado las cinco y tras sus reiterados fracasos cedió a la autocompasión y la aceptación de la derrota. Se hizo necesaria la intervención de Barber para restaurar el equilibrio de los sentimientos del pequeño Rob.
Paralelamente el hombre vive entusiasmado cuando su religión le exige obras, que aunque no carentes de esfuerzo, sí están a su alcance. Pero cuando descubre en su interior la realidad de que nada de eso le satisface y llena el vacío de su interior; cuando descubre ya sea por la conciencia o por la Escritura que Dios es mucho mayor que eso, y en cambio persiste en sus ofrendas de paz sin la certidumbre de que estás sirvan de algo, al contrario empieza a sentir que el ultimátum se acerca y que no ha alcanzado la medida divina; pasa al extremo contrario… esperar los reveses de la vida sin esperanza y tal vez, si tiene el entendimiento suficiente, incluso la muerte.
En cambio Dios está esperando que clamemos a Él, no que traigamos ofrendas de paz ni le lloremos al vacío. La única ofrenda de paz que mereció la pena en esta vida para Dios fue la que Jesús realizó en la Cruz, y nuestra prueba es que Él resucitó. Como la parábola de Jesús, Él está esperando que le pidamos, ahí nos dice que es un Dios misericordioso.
En el mismo instante que clamamos a Jesús Él viene con los brazos abiertos y no para castigarnos, como por un momento pudo pensar aquel chico de su maestro. Sino para estrecharnos entre sus brazos, sin hacer caso a las “manzanas” que por el camino cayeron y echamos a perder. Porque Jesús ya pagó por ellas, justificándonos a nosotros, que no al pecado, y haciendo nuestro su éxito, así como en la historia, salvando los matices de que aquellos es ni tan siquiera una parábola, sino sólo un cuento.
Y colorin colorado esto en cambio no es un cuento y mucho menos se ha acabado.
jueves, 8 de octubre de 2009
Luz
¿Quién entenderá lo que es bello
cuando ha ofuscado su interior,
y se ha dejado marchitar por la razón?
¿Quién examinará la hermosura
si no atiende más que a su voz?
¿Cómo escribirá verdades
quien conoce sólo su opinión;
y rimará las estrofas
que luego se convertirán en canción,
si no ha bailado con los miedos
que cavilan en su interior?
¿Quién conocerá su propio error
cuando escruta el de su hermano
y se ha dejado extasiar por el dolor?
¿Cómo reconocerá la equivocación
si se centra sólo en su intención?
Quien no atendió a su corazón,
y no ha examinado su visión
es quien tampoco adivinó
que la luz de su interior, no es luz
sino sólo un leve resplandor.
cuando ha ofuscado su interior,
y se ha dejado marchitar por la razón?
¿Quién examinará la hermosura
si no atiende más que a su voz?
¿Cómo escribirá verdades
quien conoce sólo su opinión;
y rimará las estrofas
que luego se convertirán en canción,
si no ha bailado con los miedos
que cavilan en su interior?
¿Quién conocerá su propio error
cuando escruta el de su hermano
y se ha dejado extasiar por el dolor?
¿Cómo reconocerá la equivocación
si se centra sólo en su intención?
Quien no atendió a su corazón,
y no ha examinado su visión
es quien tampoco adivinó
que la luz de su interior, no es luz
sino sólo un leve resplandor.
“Porque en Ti está la fuente de la vida; en tu luz vemos la luz.” Salmo 36:9

Todo en la vida tiene un propósito ligado a una causa, y en tanto se practique su propósito, su origen permanecerá iluminado y fácilmente entendible. Pero en cuanto deja de cumplir su función, la causa, aunque no deja de existir, es cierto que deja de ser iluminada y por tanto se deja de ver. En verdad la causa debería iluminar a la herramienta u objeto, y es así, pero sólo cuando este cumple el propósito para el cual fue creado ocurre esto. Es como la paradoja bíblica en tu luz vemos la luz. Sólo cuando el hombre vive la vida bebiendo de la fuente de la vida, es decir, con el propósito para el cual fue llamado, es que ve la luz, la luz para creer en Dios y para entender la vida de la manera que ha de ser vivida. En cambio si se aleja de Dios deja de ver la luz y por tanto de iluminar, o dicho de otro modo, honrar a Dios, es decir su causa. Aunque nunca dejará de ver un leve resplandor, no en vano, nuestra causa no dejará de existir. Será como el autor de un libro, cuyo intelecto, creatividad o lo que fuera no dejará de existir en pro de sólo un puñado de materia prensada, por mucho que su obra se use para nivelar muebles. El problema será creer que eso es así y que ese resplandor es toda la luz que hay, y lo peor, que proviene de nosotros mismos.
miércoles, 12 de agosto de 2009
Hay esperanza
Cuando se secan las palabras, y enmudecen las caras;
O cuando los ojos se cansan, y el aliento se apaga;
O cando buscas las fuerzas, pero ya no las hallas.
Y te preguntas si abandonaré mañana.
– ¡No! ¡porque si hay vida, hay esperanza! –
Mientras las lóbregas hojas del otoño se las lleve el viento
y en su lugar aparezca la tierna yerba fresca.
Mientras venzan al crudo y frío invierno los halos dorados
del sol a su alba al rayar; habrá esperanza.
Mi esperanza es un mañana, redimido por la gracia,
no de sonrisas, sino de Divina providencia.
Mi esperanza es el tiempo que descansa en las palabras
no de mis rimas, sino de Sus fieles Promesas.
Mientras lleve el viento olas a tierra que borre unas pisadas
y en algún otro lugar nazcan otras nuevas.
Mientras sobre el mar vuelen gaviotas y las aves en tierra
se vendan por unas monedas; habrá esperanza.
Y aun si olvido estas palabras y tampoco escucho otras,
recoja el eco del proverbio que reza:
“Más vale ser perro vivo que león muerto.”
Porque si hay vida, al menos eso sí:
– ¡Hay esperanza! –

Eclesiastés 9:3-5 "Aún hay esperanza para todo aquel que está entre los vivos; porque mejor es perro vivo que león muerto."
domingo, 9 de agosto de 2009
En technicolor
Si la vida se viera en technicolor,
el technicolor no tendría nada de divertido,
pero la creación ostenta la perfección,
para que disfrutemos,
de nuestros sinceros intentos,
y no por ellos vanos,
de imitar la hermosura
que inspira el Creador.
No hay intento infructuoso,
ni tropiezo en que no avances,
tan valioso es el intento que sucumbe a la derrota
como la tentativa que alcanza la victoria,
porque sin el uno
nunca hubiera habido el otro
y porque no hay historia
que comience por el final y nunca mienta...
por eso grito y además exclamo
(para que anide en tu memoria
y hostigues el premio
que inspira a la hermosura):
¡Nunca bajes los brazos,
y esgrime mil sonrisas
que intimiden al hombre
que mine tu moral!
Leyenda: Technicolor - Wikipedia, la enciclopedia libre.

Poiesis, del griego ποιέω que significa "crear" y palabra de la cual deriva "poesía". Cuenta la wikipedia que el término era en principio un verbo sinónimo de transformar y de contínuo cambio. Nada romántico en el sentido al que ahora la ligamos. El caso es que ligada a ésta etiqueta "Poiesis" de aquí en adelante vamos a publicar todo tipo de creación literaria que de otro modo aquí, acostumbrados al ensayo, no tendría lugar.
sábado, 13 de junio de 2009
Departures, el fin de todo hombre
Daigo, con su cuerpo apoyado en el pretil, miraba apesadumbrado desde lo alto del viejo puente la corriente de agua que descendía incansablemente, aunque sin excesiva fuerza; sólo la suficiente a esa altura, donde los pilares del puente aceleraban la corriente, como para presentar un serio obstáculo a los tercos salmones que trepaban aguas para arriba, mientras otros, ya cadáveres, se dejaban arrastrar.
¿Salmones? – Dijo un señor mayor que pasaba y cuya cara le era conocida.
Sí – contestó Daigo, con esa peculiar cortesía japonesa. A lo que el viejo reaccionó acercándose a mirar.
Están juntos a las rocas… por ahí – señaló efusivamente Daigo, como sólo un japonés sabría hacerlo.
¡Vamos, tú puedes, tú puedes! – Le arengaba el viejo.
Es un poco triste ir contra el río sólo para morir – Inquirió con apatía Daigo mientras guardaba sus manos en los bolsillos de su grueso abrigo – ¿Para qué trabajar tan duro si de todas formas morirás?
Estoy seguro de que quieren regresar a su lugar de nacimiento – Sentenció el viejo, dio media vuelta y se marchó sin darle más importancia, dejando a Daigo en su estado taciturno mientras se volvía a mirar a los peces, sólo que ahora como si fuera uno de ellos que ya ha regresado al hogar.
Tres días he tardado en ver esta película. Departures un film japonés ganador en 2008 al Oscar a mejor película de habla no inglesa. No fue el hecho de estar subtitulada, ni sus 131 minutos de metraje, aunque esto ayudó, sino el incomodo compromiso de acostarme antes de las 12 para estudiar para el último examen de la carrera. Iba a un cuarto de película por noche cuando hoy finalmente la acabé de ver tragándome el de mañana. Me lo zampé porque como diría el jefe de Daigo a la pregunta ¿está rico? – Sí lo está… “ñam” …tristemente. Pero es que si vas hacer algo que tiene que a acabar, mejor que esté rico, y éste largometraje, metafóricamente hablando, lo estaba. – ¡Por cierto! Hablando de comida, también llegué a la conclusión de que no hay nada más desagradable que ver a un japonés comer, aunque también es cierto que nunca había visto a nadie disfrutar tanto comiendo y hacer tantas muecas a la vez. Me pregunto – ¿serán todos los japoneses así?Y es que aunque la película gire en torno a una funeraria, y aparezcan no uno, sino varios cadáveres, lo más desagradable que verás será a un japonés comer – eso te lo aseguro. Bromas aparte, ironías de la historia, como de la vida, será la dualidad vida y muerte, lo que la Biblia llama la casa del banquete y la casa de luto, lo que la convierte en más que una emotiva película.
“Mejor es ir a la casa del luto que a la casa del banquete, porque aquello es el fin de todo hombre, y al que vive lo hará reflexionar en su corazón.” Eclesiastés 7:2
La palabra crisis en japonés (危機 = kiki) oí hace algún tiempo está compuesta por los caracteres 危 = “peligro” y 機 = “oportunidad” y pensé – qué curiosa definición para éste concepto. Tal vez la oportunidad en el peligro esté en evitar el riesgo del daño, y el peligro que hay contenido en la oportunidad esté simplemente en dejarla pasar. Complicado de analizar porque mires por donde lo mires no hay de donde sacar beneficio, salvo que el beneficio sea salvar un perjuicio, y aun eso no es estrictamente algo positivo, sino más bien neutro. Pero aún eso no es siempre posible ¿verdad? y así sucede con lo que es el fin de todo hombre.
Con todo, el proverbio como la película, nos descubren que el trauma de la muerte se sutura con un corazón que reflexiona y no se queda indemne ante el dolor. Tal vez como en pocos casos la oportunidad de la muerte esté en permitir que el peligro nos alcance y suframos el daño que nos haga sentir que estamos despiertos y que la vida que vivimos, la hemos vivir de la única manera que merece ser vivida. Como diría Albert Einstein, sólo una vida vivida para los demás merece la pena ser vivida. Porque si vas hacer algo que se tiene que acabar más vale que esté rico. Ya es demasiado triste que se acabe.
Aunque en este caso la metáfora de la comida se queda corta. Si no es que aún no hemos reflexionado lo suficiente en nuestro corazón. Y lo triste sería pensar que no hay nada más allá de la muerte.
Vivimos en crisis y no la que azota nuestra economía, si no en el peligro de partir de este mundo sin esperanza, sin fe, sin amor, sin Dios y cada día en cambio es una oportunidad. Una oportunidad animada por el único hombre, Dios hecho hombre – Jesús, que venció a la muerte.
domingo, 31 de mayo de 2009
Herencias de la Reforma (II)
A menudo hemos oído aquello de que la sociedad occidental está sustentada por tres pilares, que a saber son: el pensamiento griego, el derecho romano y la tradición judeocristiana; dejando a un lado de soslayo, tal vez por falta de perspectiva histórica, la inestimable aportación de la Reforma Protestante. Pero como podremos comprobar a continuación la Reforma Protestante y sus principios han sido y serán, en mi humilde opinión y el tiempo nos dará la razón, el cuarto pilar que dieron, dan y darán el equilibrio necesario a la civilización occidental.
Para cuando pienso en la Reforma, por alguna razón no es en los propios reformadores en quienes me fijo, sino en el espíritu de la Reforma. No obstante tampoco estaría de más saber un poco más de aquellos reformadores, aunque para tal efecto ya contamos conun estupendo blog de biografías.
Y es que, y no como a menudo caemos en el error de idealizar, los hombres de los que Dios se valió para llevar a cabo la Reforma en Europa, cometieron sin duda muchos errores, no en vano eran pecadores como tú y como yo. Hombres que sin embargo cuyo celo por la Palabra de Dios, espíritu, eje y motor de la Reforma, posibilitó con paciencia la superación de los obstáculos que presentamos los seres humanos, ese amor irracional a nuestras tradiciones que logran frenar el progreso. Por tanto, no podemos continuar sin reconocer tan siquiera la honra debida a la mano divina que cinceló con la clautela y paciencia suficiente el molde del cuerpo de una iglesia que descubrió que no tenía donde recostar su cabeza, porque había escogido antes ser maltratada con el pueblo de Dios, que gozar de los placeres temporales del pecado, considerando como mayores riquezas el oprobio de Cristo que los tesoros de “Roma”; porque tenía la mirada puesta en la recompensa.
La tolerancia
La tolerancia fue una de las primeras grandes aportaciones que la Reforma introdujo, posibilitando una nueva mentalidad europea. Si bien ésta se fue desarrollando paulatinamente. Y es que en mi modesta opinión, lo que sin duda introdujo un cambio de mentalidad fue el desafío, es decir, la revolución contra las normas preestablecidas. El propio concepto de reforma, modificar lo establecido con objeto de mejorarlo. Esa era la actitud de la Reforma, impulsada por el escrutinio sempiterno de la Biblia.
De tal modo, a medida que pasan los años y más concretamente, los protagonistas de la reforma, la amplitud del concepto tolerancia varía. Así Lutero se mostraba intolerante respecto a otras fe además de las fundamentadas en el evangelio, mientras que Calvino abría el abanico a todas las religiones y sólo se mostraba intolerante frente a la magia y otras herejías. Y Sebastián Castellion hablaba de tolerancia hasta con el hereje, al que definía como aquellos que no estaban de acuerdo con “nuestra opinión”, pero no con el blasfemador. Y así cuando reclamaba la libertad de culto, dijo: “que los judíos o los turcos no condenen a los cristianos, y tampoco los cristianos condenen a los judíos o a los turcos… y nosotros, los que nos llamamos cristianos, no nos condenemos tampoco los unos a los otros… Una cosa es cierta, que mientras mejor conoce un humano la verdad, menos inclinado está a condenar.”
Posteriormente John Locke en el siglo XVII, cuando el ateísmo empezó a raíz del renacimiento, su tesis de la tolerancia esgrimía que no debía de haber tolerancia para el ateo, porque según él, el que no creen en Dios no sólo constituye el fin de la religión sino la propia disolución de la sociedad. Y argumentaba que el que no cree en Dios no puede esperar recibir tolerancia de la religión.
El concepto de la tolerancia empezó a tomar asiento cuando se empezó a distinguir entre el fuero interno de las personas y el externo. Es decir, en la existencia de una realidad trascendente que rinde cuentas a Dios, y una inmanente, es decir física y racional, que abarca la esfera humana propia y de sus congéneres. En ese sentido se empezaba a hablar de libertad de conciencia, lo cual es realmente llamativo, o al menos debería de serlo.
Porque como hemos podido comprobar en palabras de algunos de los reformadores, la cuestión de la tolerancia no estaba del todo clara, y el debate era amplio y dinámico. De modo que si no hubiera sido por la Reforma Protestante tal concepto, así como la libertad de conciencia, jamás hubieran tenido lugar. Porque ni dentro de modelos autócratas católicos como el español, durante el franquismo; ni dentro de modelos estalinistas ateos como el soviético, tan siquiera lograron soñar con su existencia.
Por éste camino de la tolerancia y la libertad de conciencia se llegaba a la conclusión de que las leyes humanas no se pueden obligar en conciencia. Es decir, no se puede obligar a pensar de una determinada forma a un ser humano. Esto no estaba en contradicción con Romanos 13 cuando Pablo habla de la sujeción a las autoridades del estado. Al contrario se interpretaba de acuerdo a la revelación de Dios que hay en la Escritura.
La separación de la religión y el estado.
...y una cosa llevó a la otra, y ésta a la segunda gran aportación de la Reforma, la separación de la religión y el estado. Rosseau, cuya formación fue protestante, concluyó cuando dijo que el error se cometía cuando se trasladaba el reino de Dios a la tierra bajo una autoridad humana. Y Voltaire a pesar de que su formación fue jesuita, afirmó, haciendo referencia al concepto de tolerancia del que veníamos hablando, que la iglesia católica romana no estaba siguiendo el modelo de Jesús.
John Locke desarrolló esto mismo un poco más, afirmando que el estado no tiene autoridad sobre las almas, que a éste no pertenecían los asuntos de la fe, y que podrán estar o no de acuerdo los gobiernos pero el camino al cielo es único.
Pero Locke iba aún un poco más allá al defender la libertad de conciencia, además defendió el derecho de resistencia, como una extensión del colectivo a la libertad de conciencia. Y aun más el derecho de desobediencia civil, al apelar a los cielos cuando los mecanismos constitucionales no resuelven los problemas. No en vano era lo que había ocurrido un siglo atrás con Lutero. Esto sin duda alguna era una defensa de la idea revolucionaria, ya que abogaba por la idea de que Dios a menudo manda un “libertador/profeta” que da la salida.
En definitiva conceptos políticos básicos que hoy en teoría son conocidos por todos emergieron gracias a la Reforma. A la cual no haríamos mal en mirar para evaluar el estado de nuestra sociedad. Porque conceptos básicos como la tolerancia, la libertad de conciencia y la separación del estado de los asuntos de fe, hoy día, cada vez más, están en tela de juicio.
Para acabar una última cita que atrapé en una de las ponencias del congreso: “La modernidad hunde sus raíces en el Siglo XVI. La Reforma impulsó que el conocimiento fuera de dominio público.”
Ahora bien, no dejemos escapar que prácticamente todo el conocimiento que había entonces era el de la escritura bíblica. Hoy día evidentemente no es así, pero al igual que entonces sólo será posible otra Reforma de mentalidad si el conocimiento bíblico vuelve a ser de dominio público. Pero eso debe empezar por las iglesias... dejemos que la sabiduría de Dios nos reforme!
Para cuando pienso en la Reforma, por alguna razón no es en los propios reformadores en quienes me fijo, sino en el espíritu de la Reforma. No obstante tampoco estaría de más saber un poco más de aquellos reformadores, aunque para tal efecto ya contamos conun estupendo blog de biografías.
Y es que, y no como a menudo caemos en el error de idealizar, los hombres de los que Dios se valió para llevar a cabo la Reforma en Europa, cometieron sin duda muchos errores, no en vano eran pecadores como tú y como yo. Hombres que sin embargo cuyo celo por la Palabra de Dios, espíritu, eje y motor de la Reforma, posibilitó con paciencia la superación de los obstáculos que presentamos los seres humanos, ese amor irracional a nuestras tradiciones que logran frenar el progreso. Por tanto, no podemos continuar sin reconocer tan siquiera la honra debida a la mano divina que cinceló con la clautela y paciencia suficiente el molde del cuerpo de una iglesia que descubrió que no tenía donde recostar su cabeza, porque había escogido antes ser maltratada con el pueblo de Dios, que gozar de los placeres temporales del pecado, considerando como mayores riquezas el oprobio de Cristo que los tesoros de “Roma”; porque tenía la mirada puesta en la recompensa.La tolerancia
La tolerancia fue una de las primeras grandes aportaciones que la Reforma introdujo, posibilitando una nueva mentalidad europea. Si bien ésta se fue desarrollando paulatinamente. Y es que en mi modesta opinión, lo que sin duda introdujo un cambio de mentalidad fue el desafío, es decir, la revolución contra las normas preestablecidas. El propio concepto de reforma, modificar lo establecido con objeto de mejorarlo. Esa era la actitud de la Reforma, impulsada por el escrutinio sempiterno de la Biblia.
De tal modo, a medida que pasan los años y más concretamente, los protagonistas de la reforma, la amplitud del concepto tolerancia varía. Así Lutero se mostraba intolerante respecto a otras fe además de las fundamentadas en el evangelio, mientras que Calvino abría el abanico a todas las religiones y sólo se mostraba intolerante frente a la magia y otras herejías. Y Sebastián Castellion hablaba de tolerancia hasta con el hereje, al que definía como aquellos que no estaban de acuerdo con “nuestra opinión”, pero no con el blasfemador. Y así cuando reclamaba la libertad de culto, dijo: “que los judíos o los turcos no condenen a los cristianos, y tampoco los cristianos condenen a los judíos o a los turcos… y nosotros, los que nos llamamos cristianos, no nos condenemos tampoco los unos a los otros… Una cosa es cierta, que mientras mejor conoce un humano la verdad, menos inclinado está a condenar.”
Posteriormente John Locke en el siglo XVII, cuando el ateísmo empezó a raíz del renacimiento, su tesis de la tolerancia esgrimía que no debía de haber tolerancia para el ateo, porque según él, el que no creen en Dios no sólo constituye el fin de la religión sino la propia disolución de la sociedad. Y argumentaba que el que no cree en Dios no puede esperar recibir tolerancia de la religión.
El concepto de la tolerancia empezó a tomar asiento cuando se empezó a distinguir entre el fuero interno de las personas y el externo. Es decir, en la existencia de una realidad trascendente que rinde cuentas a Dios, y una inmanente, es decir física y racional, que abarca la esfera humana propia y de sus congéneres. En ese sentido se empezaba a hablar de libertad de conciencia, lo cual es realmente llamativo, o al menos debería de serlo.
Porque como hemos podido comprobar en palabras de algunos de los reformadores, la cuestión de la tolerancia no estaba del todo clara, y el debate era amplio y dinámico. De modo que si no hubiera sido por la Reforma Protestante tal concepto, así como la libertad de conciencia, jamás hubieran tenido lugar. Porque ni dentro de modelos autócratas católicos como el español, durante el franquismo; ni dentro de modelos estalinistas ateos como el soviético, tan siquiera lograron soñar con su existencia.
Por éste camino de la tolerancia y la libertad de conciencia se llegaba a la conclusión de que las leyes humanas no se pueden obligar en conciencia. Es decir, no se puede obligar a pensar de una determinada forma a un ser humano. Esto no estaba en contradicción con Romanos 13 cuando Pablo habla de la sujeción a las autoridades del estado. Al contrario se interpretaba de acuerdo a la revelación de Dios que hay en la Escritura.
La separación de la religión y el estado.
...y una cosa llevó a la otra, y ésta a la segunda gran aportación de la Reforma, la separación de la religión y el estado. Rosseau, cuya formación fue protestante, concluyó cuando dijo que el error se cometía cuando se trasladaba el reino de Dios a la tierra bajo una autoridad humana. Y Voltaire a pesar de que su formación fue jesuita, afirmó, haciendo referencia al concepto de tolerancia del que veníamos hablando, que la iglesia católica romana no estaba siguiendo el modelo de Jesús.
John Locke desarrolló esto mismo un poco más, afirmando que el estado no tiene autoridad sobre las almas, que a éste no pertenecían los asuntos de la fe, y que podrán estar o no de acuerdo los gobiernos pero el camino al cielo es único.
Pero Locke iba aún un poco más allá al defender la libertad de conciencia, además defendió el derecho de resistencia, como una extensión del colectivo a la libertad de conciencia. Y aun más el derecho de desobediencia civil, al apelar a los cielos cuando los mecanismos constitucionales no resuelven los problemas. No en vano era lo que había ocurrido un siglo atrás con Lutero. Esto sin duda alguna era una defensa de la idea revolucionaria, ya que abogaba por la idea de que Dios a menudo manda un “libertador/profeta” que da la salida.
En definitiva conceptos políticos básicos que hoy en teoría son conocidos por todos emergieron gracias a la Reforma. A la cual no haríamos mal en mirar para evaluar el estado de nuestra sociedad. Porque conceptos básicos como la tolerancia, la libertad de conciencia y la separación del estado de los asuntos de fe, hoy día, cada vez más, están en tela de juicio.
Para acabar una última cita que atrapé en una de las ponencias del congreso: “La modernidad hunde sus raíces en el Siglo XVI. La Reforma impulsó que el conocimiento fuera de dominio público.”
Ahora bien, no dejemos escapar que prácticamente todo el conocimiento que había entonces era el de la escritura bíblica. Hoy día evidentemente no es así, pero al igual que entonces sólo será posible otra Reforma de mentalidad si el conocimiento bíblico vuelve a ser de dominio público. Pero eso debe empezar por las iglesias... dejemos que la sabiduría de Dios nos reforme!
viernes, 3 de abril de 2009
Herencias de la Reforma (I)
El pasado 30, 31 de marzo y 1 de abril se celebró en Sevilla, organizado por la US, el primer Congreso Internacional de Reforma Protestante y Libertades de Europa. Se trataba eminentemente de un congreso académico conformado por ponentes de gran nivel intelectual tanto del ámbito secular como evangélico.
Evidentemente no tengo la capacidad de realizar un resumen científico e histórico de todo lo que se planteó, pero desde un plano más práctico y reflexivo valga ésta entrada como homenaje no tanto a los protagonistas de la Reforma, que también, sino a las ideas y libertades que surgieron en la Europa del Siglo XVI y de las cuales hoy somos amplios beneficiarios y deseamos seguir siéndolo por siempre jamás.Pero antes de entrar a reflexionar sobre estas ideas, hemos de advertir que la Reforma Protestante fue un fenómeno que no se concentró sólo en la Alemania del sacerdote Martín Lutero, hoy, 3 de abril, día en el que se ordenó y dio pie a su entusiasta estudio de la Palabra de Dios, motor y eje de la Reforma, que como decíamos, no sólo en Alemania, sino en todas las naciones europeas, incluida España, con reformadores como Tomás Carrascón, Cipriano de Valera, Casiodoro de Reina, Juan Pérez de Pineda, entre otros muchos. Si bien es cierto que en ninguna otra nación la Contrareforma de Roma golpeó con tal fiereza, tan siquiera en la propia península italiana. Es por eso, y no por otro motivo, que si la Inquisición no se hubiera interpuesto, hoy España sería una nación tan distinta a la que es hoy como la diferencia de miras entre el topo que camina a gachas bajo tierra y el águila que cruza con sus alas extendida los cielos.
Sirva como ilustración la miserable legislación española, que permite a un acusado mentir para defender su causa, sin incurrir en agravio aún cuando se comprueba la falsedad de su defensa. Cuestión que como tantas veces hemos comprobado en el cine, no es cierto en países de raíces protestantes, por cuanto en la declaración de derechos a un detenido leemos “todo lo que diga podrá ser usado en su contra.” Y es que entre otras muchas cosas, aunque nos hiera el orgullo, nuestra moralidad está a años luz de los países que no solo contemplaron la llama de la Reforma, como es nuestro caso, sino que prendió el corazón de sus naciones.
Ésta llama débil, no ya por la contrarreforma, sino por la mezquina alimentación de los protestantes evangélicos en los últimos decenios, ha llegado a nuestros días y ha sido depositada por la misericordia de Dios en el candelero de la actual Iglesia que formamos todos los que confiamos en Jesús y creemos a su Palabra. La misma Misericordia a la cual habremos de acudir para que la justicia, las libertades, la moral y la ética no sólo no se apaguen sino sean avivadas por siempre jamás. (continuará...)
lunes, 19 de enero de 2009
La vanidad de los dioses
La siguiente entrada es una adaptación de un trabajo de fin de curso de la asignatura de libre configuración de la Universidad de Sevilla, Teología I, sobre el tema tocado en el artículo de Manuel Guerra Gómez.
Pablo en su carta a los Romanos 1:19-23 dice: “…lo que se conoce acerca de Dios es evidente dentro de ellos, pues Dios se lo hizo evidente. Porque desde la creación del mundo, sus atributos invisibles, su eterno poder y divinidad, se han visto con toda claridad, siendo entendidos por medio de lo creado, de manera que no tienen excusa. Pues aunque conocían a Dios, no le honraron como a Dios ni le dieron gracias, sino que se hicieron vanos en sus razonamientos y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se volvieron necios, y cambiaron la gloria de Dios incorruptible por una imagen en forma de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles.” Este conocimiento del que habla Pablo al principio de la cita es el referido al qué es Dios, o como dice Tomás de Aquino al conocimiento difuso o general acerca de Dios que todos tenemos. Pero de ninguna forma al quién y cómo es Dios.
Entre los muchos testimonios que podemos leer en las Escrituras, hay uno que de una manera singular resalta el contraste entre aquel conocimiento que decíamos superficial y uno cercano que llega a “conocer” a Dios. Nos referimos al testimonio de Job, 42:5-6 “He sabido de ti sólo de oídas, pero ahora mis ojos te ven. Por eso me arrepiento en polvo y ceniza.” Esta actitud de “arrepentimiento” es la señal inequívoca que la Biblia reconoce como la división entre una religión vana y una divina; pero esto vendrá a colación más adelante.
En efecto como dice Manuel Guerra Gómez en su artículo: “De ordinario es totalmente fácil saber que Dios viene, o sea, existe y actúa.” Pues podemos saber que Dios viene, porque como dice Pablo, Él nos lo hizo evidente. Y este evidente nos habla que Dios le ha otorgado al hombre el don de unas cualidades con las cuales, al menos, distinga que Él está ahí; tanto en un sentido trascendental como inmanente. Es decir, una compresión de que Dios efectivamente está por encima de nosotros, pero que también está cercano y se le puede comprender por medio de lo creado, donde se observa una causalidad que apunta al Creador. Así como en la misma alma humana, que sin ser parte de Dios, inequívocamente tiene la firma del soplo que le dio vida, la eternidad. Como diría A. N. Wilson (según cita de John Stott): “Aunque descarto cualquier lealtad religiosa formal, que desprecio como esa combinación moribunda de superstición y engaño, con todo reconozco que hallo fuertes impulsos religiosos dentro de mí y sentimientos de humildad indescriptible ante el misterio de las cosas.”
Ahora bien, la propia palabra religión, entendida como el acto humano de religarse a Dios, o lo que es lo mismo volver a unirse con Dios, ya denota que la existencia de Dios y su conocimiento, difuso o general, por el hombre es la base de la religiosidad. Pero además, y lo que resulta más evidente, es la existencia de una barrera de separación entre el hombre y Dios lo que impulsa al primero alpracticar la religión con el fin de acercarse a Dios. Esta barrera es la que la Escritura denomina como la Muerte.
En otras palabras, la religiosidad en el hombre nace de la sed de Dios y a su vez, por paradójico que parezca, de su incapacidad de saciar dicha sed. Pues en efecto el hombre es religioso por naturaleza, la misma naturaleza que se ha demostrado ineficiente durante siglos para reconciliarse con Dios, y en efecto con el ser humano mismo. Siendo el germen de la religión vana que enfoca las posibilidades en el hombre.
Como dice M.G.G. “el hombre es capaz de descubrir Las huellas de la Bondad, Belleza, etc., divinas, impresas en el universo y en el hombre mismo.” Y esto es cierto, el hombre puede descubrir cosas, a las cuales rápidamente les ponemos el apelativo de nuevas, pero en cambio no puede hacer cosas nuevas, salvo las posibilidades que le permiten sus descubrimientos, pero por tanto al fin y al cabo no crea nada nuevo. En cierta ocasión leía una cita de Eliezer S. Yudkowsky que dice así: “Usted no puede escribir un cuento en el que uno de los personajes sea más listo que usted; por definición, si usted supiera lo que ese personaje haría, usted sería tan listo como él.” Por el mismo razonamiento llegamos a la conclusión que el hombre no puede hacer una religión, ni una ley, ni una serie de dogmas, que le puedan acercar a Dios, pues si así fuera, nosotros seríamos tan dioses como Dios, sin haber llegado si quiera al error del ateo.
Y es a esta altura del pensamiento donde Pablo libera todo su temperamento y exclama: “no le honraron como a Dios ni le dieron las gracias.”
Cuando hablamos de la gloria de Dios, nos referimos a todo lo que Dios es. Sus atributos invisibles, su eterno poder,… Cuando el hombre intenta religarse con Dios en efecto cambia la majestuosa gloria de Dios y la amolda a su gloria humana y corrompida para hacerla factible a sus conocimientos y esfuerzos por hallar a Dios.
Sin duda la sed de Dios en las criaturas es algo que debe agradar al Creador. Pero no como esa iniciativa propia de descendientes de Caín, que traen ofrenda a Dios del fruto de su tierra que en ningún modo agrada a Dios (Génesis 4:3-5). En cambio, sí esa actitud de humildad y fe propio de Abel (Hebreos 11:4).
Observando ésta dicotomía creo que estamos en lo cierto cuando hablamos de una religión que agrada a Dios y otra que no o es vana. Y sin duda la Palabra de Dios lo deja bien claro en Santiago 1:27 “La religión pura y sin mácula delante de nuestro Dios y Padre es ésta: visitar a los huérfanos y a las viudas en sus aflicciones, y guardarse sin mancha del mundo.”
Pero creo que erramos cuando precisamos a definir una religión formal cristiana como fuente para saciar la sed de Dios. Pues sobre todo lo anterior está “Jesús, el mediador de un nuevo pacto, y la sangre rociada que habla mejor que la sangre de Abel.” (Hebreos 12:24), sobre lo cual no tenemos nada más que añadir, porque como exclamó en la Cruz: ¡Consumado es!
Honrar a Jesús y darle gracias y arrepentirse en polvo y ceniza; sí es de alguna manera ortodoxa toda la definición de religión cristiana. Pues tan sólo es el acto de contricción y humildad de reconocer que la reconciliación con Dios es únicamente por medio de Él mismo, y de nadie más. Porque pensar otra cosa, o añadir algo más sólo sería lo que el mismo Pablo nos advierte: cambiar la gloria de Dios.
En efecto esto sucede de muchas formas, tal vez tantas, como popularmente se suele decir, personas hay en este mundo. Pero quizás la forma más peligrosa; el ateísmo militante, es la única bajo la cual el hombre pretende demudar toda la gloria de Dios. Y sin embargo no deja de ser una práctica religiosa, pues existe una pretensión de relación con Dios; opositora, pero relación. Ya que es una experiencia de doble vínculo. A estas alturas el ser humano cambia la gloria de Dios por la nada; desdeñando en el camino toda su humanidad. De modo que el único calificativo que nos ligaba a Dios y contenía nuestras perversiones, criaturas de Dios, ha sido desechado. Sucumbiendo como dice la escritura y recuerda M.G.G, a la tentación “seréis como dioses.”
Pablo en su carta a los Romanos 1:19-23 dice: “…lo que se conoce acerca de Dios es evidente dentro de ellos, pues Dios se lo hizo evidente. Porque desde la creación del mundo, sus atributos invisibles, su eterno poder y divinidad, se han visto con toda claridad, siendo entendidos por medio de lo creado, de manera que no tienen excusa. Pues aunque conocían a Dios, no le honraron como a Dios ni le dieron gracias, sino que se hicieron vanos en sus razonamientos y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se volvieron necios, y cambiaron la gloria de Dios incorruptible por una imagen en forma de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles.” Este conocimiento del que habla Pablo al principio de la cita es el referido al qué es Dios, o como dice Tomás de Aquino al conocimiento difuso o general acerca de Dios que todos tenemos. Pero de ninguna forma al quién y cómo es Dios.
Entre los muchos testimonios que podemos leer en las Escrituras, hay uno que de una manera singular resalta el contraste entre aquel conocimiento que decíamos superficial y uno cercano que llega a “conocer” a Dios. Nos referimos al testimonio de Job, 42:5-6 “He sabido de ti sólo de oídas, pero ahora mis ojos te ven. Por eso me arrepiento en polvo y ceniza.” Esta actitud de “arrepentimiento” es la señal inequívoca que la Biblia reconoce como la división entre una religión vana y una divina; pero esto vendrá a colación más adelante.En efecto como dice Manuel Guerra Gómez en su artículo: “De ordinario es totalmente fácil saber que Dios viene, o sea, existe y actúa.” Pues podemos saber que Dios viene, porque como dice Pablo, Él nos lo hizo evidente. Y este evidente nos habla que Dios le ha otorgado al hombre el don de unas cualidades con las cuales, al menos, distinga que Él está ahí; tanto en un sentido trascendental como inmanente. Es decir, una compresión de que Dios efectivamente está por encima de nosotros, pero que también está cercano y se le puede comprender por medio de lo creado, donde se observa una causalidad que apunta al Creador. Así como en la misma alma humana, que sin ser parte de Dios, inequívocamente tiene la firma del soplo que le dio vida, la eternidad. Como diría A. N. Wilson (según cita de John Stott): “Aunque descarto cualquier lealtad religiosa formal, que desprecio como esa combinación moribunda de superstición y engaño, con todo reconozco que hallo fuertes impulsos religiosos dentro de mí y sentimientos de humildad indescriptible ante el misterio de las cosas.”
Ahora bien, la propia palabra religión, entendida como el acto humano de religarse a Dios, o lo que es lo mismo volver a unirse con Dios, ya denota que la existencia de Dios y su conocimiento, difuso o general, por el hombre es la base de la religiosidad. Pero además, y lo que resulta más evidente, es la existencia de una barrera de separación entre el hombre y Dios lo que impulsa al primero alpracticar la religión con el fin de acercarse a Dios. Esta barrera es la que la Escritura denomina como la Muerte.
En otras palabras, la religiosidad en el hombre nace de la sed de Dios y a su vez, por paradójico que parezca, de su incapacidad de saciar dicha sed. Pues en efecto el hombre es religioso por naturaleza, la misma naturaleza que se ha demostrado ineficiente durante siglos para reconciliarse con Dios, y en efecto con el ser humano mismo. Siendo el germen de la religión vana que enfoca las posibilidades en el hombre.
Como dice M.G.G. “el hombre es capaz de descubrir Las huellas de la Bondad, Belleza, etc., divinas, impresas en el universo y en el hombre mismo.” Y esto es cierto, el hombre puede descubrir cosas, a las cuales rápidamente les ponemos el apelativo de nuevas, pero en cambio no puede hacer cosas nuevas, salvo las posibilidades que le permiten sus descubrimientos, pero por tanto al fin y al cabo no crea nada nuevo. En cierta ocasión leía una cita de Eliezer S. Yudkowsky que dice así: “Usted no puede escribir un cuento en el que uno de los personajes sea más listo que usted; por definición, si usted supiera lo que ese personaje haría, usted sería tan listo como él.” Por el mismo razonamiento llegamos a la conclusión que el hombre no puede hacer una religión, ni una ley, ni una serie de dogmas, que le puedan acercar a Dios, pues si así fuera, nosotros seríamos tan dioses como Dios, sin haber llegado si quiera al error del ateo.
Y es a esta altura del pensamiento donde Pablo libera todo su temperamento y exclama: “no le honraron como a Dios ni le dieron las gracias.”
Cuando hablamos de la gloria de Dios, nos referimos a todo lo que Dios es. Sus atributos invisibles, su eterno poder,… Cuando el hombre intenta religarse con Dios en efecto cambia la majestuosa gloria de Dios y la amolda a su gloria humana y corrompida para hacerla factible a sus conocimientos y esfuerzos por hallar a Dios.
Sin duda la sed de Dios en las criaturas es algo que debe agradar al Creador. Pero no como esa iniciativa propia de descendientes de Caín, que traen ofrenda a Dios del fruto de su tierra que en ningún modo agrada a Dios (Génesis 4:3-5). En cambio, sí esa actitud de humildad y fe propio de Abel (Hebreos 11:4).
Observando ésta dicotomía creo que estamos en lo cierto cuando hablamos de una religión que agrada a Dios y otra que no o es vana. Y sin duda la Palabra de Dios lo deja bien claro en Santiago 1:27 “La religión pura y sin mácula delante de nuestro Dios y Padre es ésta: visitar a los huérfanos y a las viudas en sus aflicciones, y guardarse sin mancha del mundo.”
Pero creo que erramos cuando precisamos a definir una religión formal cristiana como fuente para saciar la sed de Dios. Pues sobre todo lo anterior está “Jesús, el mediador de un nuevo pacto, y la sangre rociada que habla mejor que la sangre de Abel.” (Hebreos 12:24), sobre lo cual no tenemos nada más que añadir, porque como exclamó en la Cruz: ¡Consumado es!
Honrar a Jesús y darle gracias y arrepentirse en polvo y ceniza; sí es de alguna manera ortodoxa toda la definición de religión cristiana. Pues tan sólo es el acto de contricción y humildad de reconocer que la reconciliación con Dios es únicamente por medio de Él mismo, y de nadie más. Porque pensar otra cosa, o añadir algo más sólo sería lo que el mismo Pablo nos advierte: cambiar la gloria de Dios.
En efecto esto sucede de muchas formas, tal vez tantas, como popularmente se suele decir, personas hay en este mundo. Pero quizás la forma más peligrosa; el ateísmo militante, es la única bajo la cual el hombre pretende demudar toda la gloria de Dios. Y sin embargo no deja de ser una práctica religiosa, pues existe una pretensión de relación con Dios; opositora, pero relación. Ya que es una experiencia de doble vínculo. A estas alturas el ser humano cambia la gloria de Dios por la nada; desdeñando en el camino toda su humanidad. De modo que el único calificativo que nos ligaba a Dios y contenía nuestras perversiones, criaturas de Dios, ha sido desechado. Sucumbiendo como dice la escritura y recuerda M.G.G, a la tentación “seréis como dioses.”
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miércoles, 7 de enero de 2009
Pasado, presente y eternidad
Todo esto nace de las reflexiones de C.S. Lewis en su libro “Cartas del diablo a su sobrino.” que me propuse leer después de la recomendación de Lux.
Aunque ésta debió ser una de esas entradas para publicarlas antes de fin de año y firmáramos entonces alguno de esos famosos propósitos para el año nuevo, espero no obstante que la utilidad de la presente reflexión pueda, si cabe, ayudarnos a enfocar nuestros sueños hacia donde debemos dirigirlos.
El Universo es lo suficientemente variado como para mantenernos en la expectativa de esperar algo nuevo y lo suficientemente ordinario o rutinario como para no distraernos de nuestras obligaciones. Y en cambio nos hemos conformado a un estilo de vida que no nos permite disfrutar de lo uno como de lo otro.
Aunque ésta debió ser una de esas entradas para publicarlas antes de fin de año y firmáramos entonces alguno de esos famosos propósitos para el año nuevo, espero no obstante que la utilidad de la presente reflexión pueda, si cabe, ayudarnos a enfocar nuestros sueños hacia donde debemos dirigirlos.
El Universo es lo suficientemente variado como para mantenernos en la expectativa de esperar algo nuevo y lo suficientemente ordinario o rutinario como para no distraernos de nuestras obligaciones. Y en cambio nos hemos conformado a un estilo de vida que no nos permite disfrutar de lo uno como de lo otro.
Cada día el cielo nos brinda una obra de arte nueva, pero somos incapaces de maravillarnos diariamente por la novedad que esconde la cotidianeidad del firmamento. Así mismo, la mayoría vivimos la semana a la expectativa de que llegue el viernes; cuando al fin y al cabo sólo repetimos lo mismo que hicimos el fin de semana pasado. Y entre tanto el tiempo pasa, entre segundos nuevos pero tan ordinarios como los pasados, y los que están por venir.Vivimos la vida en el futuro, despreciando el pasado, mientras esperamos que pase de una vez por todas el presente. Expectantes a los cambios que nos depara el mañana en tanto paseamos desilusionados antes los cambios que se suceden en nuestro presente.
Por tanto llega el año nuevo y parece que todo y todos se confabulan este día para que disfrutemos de la experiencia más novedosa del año; pero que a su vez se ha convertido en la más ordinaria y cotidiana de las tradiciones. El caso es que por fin acabó el año, y ahora comienzan lo que parecen doce meses tan nuevecitos que hasta exclamamos: ¡año nuevo, vida nueva!
Y entonces caemos en la peor estafa de todas. Conformarnos con una única oportunidad al año de empezar de nuevo. Cuando Dios nos enseña por medio de lo creado que en cada día, en cada acto rutinario del Universo, se realiza un estreno que se disfruta sólo si se acepta que hemos de vivir en el presente. Porque las oportunidades para empezar de nuevo se suceden hoy y no mañana.
En resumidas cuentas las oportunidades para empezar de nuevo son infinitas porque no se sujetan a las oportunidades que nos depara el futuro, sino a las resoluciones que escojamos en el presente. Ese lugar del tiempo que como diría C.S. Lewis se encuentra iluminado por los rayos de luz de la eternidad.
Dios quiere precisamente que vivamos el presente con la mirada puesta en la eternidad, agradeciendo el pasado. Pero la eternidad no es lo mismo que el futuro. Porque de ser la vida un paseo, el pasado quedaría ilustrado como las huellas dejadas atrás; el presente allí donde en estos mismos momentos pisan tus pasos y la eternidad el tramo que un día ciertamente andarás. Y el futuro solo es ese pequeño tramo de incertidumbres entre nuestro presente y eternidad.
Por tanto, mientras que la eternidad y el futuro son cosas que en una línea temporal están por delante, la eternidad en cambio es visible desde el presente; aunque a veces sólo lo sea a través de la fe. Así por ejemplo a la eternidad le concierne la muerte; y al futuro lo que comerás mañana.
Y para este año que comienza, si es cierto que podemos decir que como futuro no sabemos lo que nos deparará, por mucha fe que tengamos; más cierto es, que para los que han depositado su fe en Jesús, podemos decir que pase lo que pase, el perdón y la gracia de Dios siempre estarán ahí.
¡Vive el presente sin olvidar lo eterno y da gracias por el pasado! Porque la vida es una maratón de cambios continuos, no un sprint de cambios fulminantes. Donde cada segundo, pero en especial el presente, es tan bueno como cualquier otro para dar el pistoletazo de salida y empezar a luchar por un nuevo cambio. Porque de partir hoy de este mundo de nada valdrán cuan grandes cambios planeábamos hacer con nuestro Yo futuro. Dios va a juzgar nuestro Yo presente, no el que estamos dispuestos a ser, pero en el futuro.
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viernes, 28 de marzo de 2008
Children see, children do
La aseveración del título es del todo cierta hasta extremos insospechados. ¿Por qué decir eso? Jeje, porque nunca se es lo suficiente mayor como para entender del todo, cuánto hay de ti, actitudes, maneras, moral,... que son un fiel reflejo de las acciones que has visto en tus padres, además de tus primeros amigos, tutores y familiares, pero sobre todo, de aquellas personas con las cuales más tiempo compartiste.
Pero antes de seguir leyendo, vean el video.
Pero antes de seguir leyendo, vean el video.
"Los niños ven, los niños hacen."
Lo extraño de todo esto es que ello no quita que un chiquillo se convierta en todo un "macarra" pese a tener un testimonio ejemplar de sus progenitores, y aún si me apuras de su círculo más cercano como amigos, tutores, familiares,... De acuerdo que esto limita mucho las probabilidades. Pero siendo sincero tampoco las cierra. Ahora, a la inversa, curiosamente, un mal ejemplo desde los principales vínculos afectivos, con toda seguridad, condenan a cualquier muchacho a repetir los mismos errores, e incluso a superarlos.
Lo más alarmante de todo esto es cuando los mayores nos llevamos las manos a la cabeza, y nos preguntamos con todo el descaro y la hipocresía, ¿qué está pasando por la cabeza de los niños, que en los titulares aparecen tantas noticias sobrecogedoras? Como por ejemplo la de estos días pasados, cuando un grupo de adolescentes abusan de un niño de 9 años. Y para colmo la única conclusión a la que llegamos es: ¡qué triste Código Penal el nuestro! Por cuanto no contempla ningún artículo para procesar estos infames e infantiles esperpentos.
No, señores y señoras, pensémoslo bien, ahí no está el error. Es lógico que un Código Penal no recoja ningún elemento para procesar a adolescentes. Básicamente por que un niño de 14 años (por seguir el hilo de la anterior noticia) podría estar pensando muchos tipos de gamberradas y puñetas pero jamás éstas deberían dejar de ser, al fin y al cabo, cosas de niños.
¿Entonces el problema es que los niños dejan de ser niños a cada vez edades más tempranas? ¡NO! Hoy, ayer y siempre se cumplirá la máxima: Children see, children do. Los niños son niños. Por definición un niño es un ser inocente, que no sabe lo quiere, salvo lo que ve. Por lo cual el problema es que los mayores, cada vez antes, empiezan a tratar a los niños como si no fueran tales. Y entonces empezamos a discutir que si el Código Penal está desfasado, que si los niños son invulnerables ante la ley. En definitiva, a perder el tiempo.
La sociedad actual no puede hacerse eco de este proverbio. Al contrario, debería decir: “hijos míos, olvidaos de mi enseñanza y vuestro corazón repudie mis palabras.” Porque el ejemplo que al fin y al cabo estamos dando es nefasto.
No, señores y señoras, pensémoslo bien, ahí no está el error. Es lógico que un Código Penal no recoja ningún elemento para procesar a adolescentes. Básicamente por que un niño de 14 años (por seguir el hilo de la anterior noticia) podría estar pensando muchos tipos de gamberradas y puñetas pero jamás éstas deberían dejar de ser, al fin y al cabo, cosas de niños.
¿Entonces el problema es que los niños dejan de ser niños a cada vez edades más tempranas? ¡NO! Hoy, ayer y siempre se cumplirá la máxima: Children see, children do. Los niños son niños. Por definición un niño es un ser inocente, que no sabe lo quiere, salvo lo que ve. Por lo cual el problema es que los mayores, cada vez antes, empiezan a tratar a los niños como si no fueran tales. Y entonces empezamos a discutir que si el Código Penal está desfasado, que si los niños son invulnerables ante la ley. En definitiva, a perder el tiempo.
La sociedad actual no puede hacerse eco de este proverbio. Al contrario, debería decir: “hijos míos, olvidaos de mi enseñanza y vuestro corazón repudie mis palabras.” Porque el ejemplo que al fin y al cabo estamos dando es nefasto.
Tampoco es que esté a favor de la presente actitud de la legislación con respecto a condenar las acciones físicas de disciplina. ¡Cuidado! hablamos de un cachete. Pero en lo que sí me ratifico es que el Código Penal estaba bien como estaba. ¿Por qué? No, no porque me lo haya leído, sino porque hasta no hace mucho cumplía su función: proteger al menor. Y si ahora dicho privilegio se ha vuelto en nuestra contra, es precisamente porque el tamaño del paraguas de dicha cobertura se ha quedado pequeño. En ese sentido sí apoyo cualquier reforma del Código Penal. Porque ahora, también deberíamos empezar a defenderlo de los malos ejemplos, aun cuando intrínsecamente estos no constituyan un delito. Porque lo que los niños ven, eso hacen, y lo que es más, a lo que hacen no saben ponerle fin. ¿Y es esto malo? No por sí sólo, porque un niño que vea el bien, eso hará, y además jamás le pondrá fin.
En ese sentido seamos como niños, pero actuando como adultos. Examinémoslo todo y retengamos lo bueno, porque de la abundancia del corazón habla la boca, y no es lo que entra en la boca lo que contamina al hombre, sino lo que sale de ésta. Y la lengua es un fuego, un mundo de iniquidad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, la cual contamina todo el cuerpo, es encendida por el infierno e inflama el curso de nuestra vida. Porque todo género de fieras y de aves, de reptiles y de animales marinos, se pueden domar y ha sido domado por el género humano, pero ningún hombre puede domar la lengua; es un mal turbulento y lleno de veneno.
P.D. Si tan sólo lográramos cerrar, o al menos desterrar a horarios de madrugada, los programas de la farándula, shows donde unos insultan a otros. Con sólo eso, me apuesto lo que fuera, que la situación ya empezaba a cambiar. Porque ¡¡¡children see, children do!!!
En ese sentido seamos como niños, pero actuando como adultos. Examinémoslo todo y retengamos lo bueno, porque de la abundancia del corazón habla la boca, y no es lo que entra en la boca lo que contamina al hombre, sino lo que sale de ésta. Y la lengua es un fuego, un mundo de iniquidad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, la cual contamina todo el cuerpo, es encendida por el infierno e inflama el curso de nuestra vida. Porque todo género de fieras y de aves, de reptiles y de animales marinos, se pueden domar y ha sido domado por el género humano, pero ningún hombre puede domar la lengua; es un mal turbulento y lleno de veneno.
P.D. Si tan sólo lográramos cerrar, o al menos desterrar a horarios de madrugada, los programas de la farándula, shows donde unos insultan a otros. Con sólo eso, me apuesto lo que fuera, que la situación ya empezaba a cambiar. Porque ¡¡¡children see, children do!!!
lunes, 25 de febrero de 2008
Cambia de perspectiva
Con la pizarra a sus espaldas apoya un pie en la silla, luego otro sobre su escritorio y enderezándose se dirige hacia sus pupilos:
Capitán: ¿Por qué he subido aquí? ¿Quién lo sabe?
Nuwanda: Para sentirse más alto.
Capitán: ¡No!
Ring (el Capitán toca un timbre)
Capitán: Pero gracias por concursar.
Risas
Capitán: Me he subido a mi mesa, para recordarme que debemos mirar constantemente las cosas de un modo diferente.
Silencio
Capitán: El mundo se ve distinto desde aquí arriba. Si no me creen vengan a comprobarlo. Venga. Vamos.
Ruido de zapatos (los alumnos dejan sus pupitres y pasan adelante para subirse uno tras otro a la mesa).
Capitán: Cuándo ustedes crean que saben algo deben mirarlo de un modo distinto, aunque pueda parecer tonto o equivocado,…
Capitán: ¿Por qué he subido aquí? ¿Quién lo sabe?
Nuwanda: Para sentirse más alto.
Capitán: ¡No!
Ring (el Capitán toca un timbre)
Capitán: Pero gracias por concursar.
Risas
Capitán: Me he subido a mi mesa, para recordarme que debemos mirar constantemente las cosas de un modo diferente.
Silencio
Capitán: El mundo se ve distinto desde aquí arriba. Si no me creen vengan a comprobarlo. Venga. Vamos.
Ruido de zapatos (los alumnos dejan sus pupitres y pasan adelante para subirse uno tras otro a la mesa).
Capitán: Cuándo ustedes crean que saben algo deben mirarlo de un modo distinto, aunque pueda parecer tonto o equivocado,…
Ya casi ni recuerdo la última vez en que me subí de verdad a una mesa, pero… ¿y cuándo fue la última vez que me subí a una mesa? Probablemente la última vez que me sentí como un niño. La última vez que me sentí con la absoluta libertad de destacar mi visión por encima de lo corriente y así, mirar de un modo distinto las cosas sin la desconfianza que produce, precisamente, el hecho de aventurarse a hacer el ridículoLa virtud de un niño, a mi modo de ver las cosas, comienza con su capacidad de simplificar lo grandioso y engrandecer la simpleza. Ésta cualidad lo convierte en un ser humilde, porque ante lo majestuoso responde con llaneza y frente a la simpleza inquiere con asombro.
La inocencia más graciosa que cambia el nombre de las cosas, es ese brillo que te vuelve un niño, es ese brillo que te quita el frío. Este extracto de la letra de una canción de uno de mis grupos favoritos del pop español, Los Secretos, titulada: Volver a ser un niño, en mi opinión, refleja bien la magnificencia de dicha cualidad. En efecto es el requerimiento indispensable que nos hace como niños, y que alcanza a cambiar el nombre de las cosas, o lo que es lo mismo a mirarlo todo de un modo distinto.
La inocencia no tiene porqué entenderse como una merma en el desarrollo de la personalidad. Cuando a la madurez le acompaña la inocencia, porque no creo que sean términos necesariamente contradictorios, entonces no hablamos de ingenuidad, sino del conocimiento certero de nuestras limitaciones.
Claro que no hablo de las inseguridades. De hecho me atrevería a decir que no hay persona más segura, ¿o debiera decir valiente?, que la que sabe cuáles son sus limitaciones. Porque a la postre no hay nada más incisivo que la aguda opinión de uno sobre sí mismo. Y a ese respecto, la autocrítica sería la última frontera frente a la inseguridad.
- Un amigo ha escrito la siguiente frase en el Messenger (espero que no tenga copyright, jeje): “De pequeño me enseñaron a querer ser mayor, de mayor voy a jugar a ser niño.”
Durante la niñez se forma el carácter. Nos enseñan a confiar en uno mismo y por ende a desconfiar del prójimo. Si bien, tampoco es del todo cierto esto último, porque más allá de los desconocidos no nos enseñaron a desconfiar del prójimo. Entonces ¿por qué desconfiamos aún de los conocidos? La respuesta a esta pregunta es lo que Carl Sagan llamaría La carga del escepticismo.
En otras circunstancias las posibilidades de coincidir con este hombre serían remotas, pero a este respecto, estoy al menos de acuerdo en dos de las puntualizaciones a las que hacía referencia en su ensayo sobre el escepticismo. La primera es que cierta dosis de escepticismo siempre es saludable y la segunda, que la sociedad actual sufre una profunda crisis de juicio crítico saludable.
De acuerdo con el DRAE el escepticismo, es la desconfianza o duda de la verdad o eficacia de algo. Así pues, como reacción, el escepticismo es algo totalmente natural. El problema es cuando lo convertimos en nuestra filosofía de vida (afirmar que la verdad no existe, o que, si existe, el hombre es incapaz de conocerla). Dicho de otra manera, nunca deberíamos dejarnos dominar por el escepticismo, por muy duro que nos haya golpeado la vida. Al contrario, nosotros hemos de dominarlo, porque hemos de aprovecharnos de él para averiguar si tal decisión es la correcta, si dicha compra es de calidad o hasta qué punto es de confianza tal persona, entre otros muchos ejemplos.
Cuando afirmamos que nuestra sociedad sufre una crisis de juicio crítico, resulta evidente que no nos referimos a opiniones sobre el modelo del nuevo coche del vecino o del escándalo del famoso de turno aparecido en la prensa rosa, no. Eso hasta sobra. Hablamos de que las personas han relegado a un último lugar su interés por inquirir cuánto de verdad hay en lo que escuchan. La televisión, la radio, la prensa, tal vez por este orden, se han convertido en el oráculo de la verdad, y ahora como quien dice: lo que la tele dice va a misa.
El grado de verosimilitud ya no lo juzgamos en función de la cantidad de evidencias, y de la calidad de estas, no. Ahora todo se evalúa de acuerdo al nivel de complejidad de la puesta en escena, el nombre de la corporación y de la voz de ésta y de los medios. Dicho de otro modo, si es bonito y suena bien debe ser verdad. En resumidas cuentas nuestro escepticismo ha sido burlado. Porque si bien hay algo innato en el ser humano que le motiva a desconfiar de un rostro, no existe nada parecido que le produzca la misma sensación si es dicho por una gran corporación. Al menos en estos tiempos.
Como decíamos, el hombre es escéptico por naturaleza. Un hombre dudará de cualquier otro hombre hoy, mañana y siempre. Siempre y cuando ese hombre no sea él mismo. Y esto, amigos, es uno de los mayores desastres de la sociedad moderna. Porque sin quererlo o no, no sólo estamos depositando fe en nosotros mismos, sino en todo el género humano (humanismo). De manera que (sin quererlo o no), estamos creando vínculos con corporaciones, nacionalidades, partidos políticos, religiones, filosofías, equipos de deporte, hacia los cuales ligamos nuestra suerte. De manera que su victoria es nuestra victoria; y su derrota, nuestra derrota; pero contad de alcanzar lo primero, si es necesario, sacrificamos la verdad, sin caer en la cuenta que no nos burlamos de nadie, sino sólo de nosotros mismos.
Entonces, cuan estimulante es, y necesario, cambiar de perspectiva.
Hoy salí a correr, y al contrario que en las demás ocasiones en las que suelo pensar en cuestiones personales, sólo me concentré en la respiración y en alcanzar una meta mejor. Aquella esquina, y cuando llegaba aquella esquina, me retaba con la siguiente. Para cuando me di cuenta, había logrado mí mejor y más larga carrera, pese a llevar un tiempo descuidado.
Lo que quiero transmitir con esto es la misma idea que venimos enfatizando: debemos cambiar de perspectiva continuamente. Porque pudiera ser que nos acomodemos a ver las cosas de cierta forma y llegue al punto que dicha forma, nuestra forma, nos parezca la mejor. Pero no, no debe ser así, antes hemos de buscar primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas las demás cosas serán añadidas. Además, entre tanto no hemos de ocultar nuestra naturaleza, sino que siendo sinceros, reconozcamos nuestro pecado. Porque si de alguien no nos hemos de fiar, para empezar es de nosotros mismos. Y por tanto corramos no como habiéndolo alcanzado ya; pero una cosa hagamos: olvidando lo que queda atrás y extendiéndonos a lo que está delante, prosigamos hacia la meta para obtener el premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. Y vayamos con nuestra fe, por muy sencilla u escéptica que sea, ya fuere como la de aquel padre que tenía su hijo enfermo y al cual Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible. E inmediatamente el padre del muchacho clamó y dijo: Creo; ayuda mi incredulidad. Y cuando Jesús vio que la multitud se agolpaba, reprendió al espíritu inmundo, diciéndole: Espíritu mudo y sordo, yo te mando, sal de él, y no entres más en él. Y así teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.
viernes, 22 de febrero de 2008
Guantes: más protección, menos sensibilidad
La siguiente reflexión pertenece a Jonatan Mira. Fue publicada en Protestante Digital el 13 de enero de 2008. Se encuentra en este enlace: pinchar aquí.
Me pongo la bufanda, luego la chaqueta, luego los guantes. Hace frío fuera. Al menos ayer tuve frío al salir a la calle. Cojo lo que necesito y salgo del piso. Al llegar al coche e intentar coger la llave para abrir, la radio que llevo en la mano patina. Cuando la recojo del suelo veo que le falta una pieza. Se ha roto, o eso creo. Inmediatamente la localizo y la coloco en su sitio. Mientras probaba la radio dentro del coche, fui consciente de que ni siquiera había notado cómo había patinado la radio. No era la primera vez que me sucedía al coger algo con los guantes. Pero la elección pasa por protegerme del frío o poder tener sensibilidad.
Así sucede también con nuestro corazón. A veces le ponemos un guante para protegerlo, o mejor para protegernos. Pero al mismo tiempo, perdemos sensibilidad. Pero ¿quién quiere pasar frío? No creo que nadie quiera pasar frío (decepciones, desilusiones, golpes y heridas por distintos motivos) en su corazón, pero amar, a veces, también implica sufrir. ¿Protegeré mi corazón para que no sufra, perdiendo sensibilidad? ¿o decido pasar frío, pero tener un corazón sensible a las necesidades de los demás y aún sensible a Dios? "Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida." Proverbios 4:23
Jonatan Mira es Diseñador gráfico y miembro de VTR
© J. Mira, ProtestanteDigital.com (España, 2008).
Me pongo la bufanda, luego la chaqueta, luego los guantes. Hace frío fuera. Al menos ayer tuve frío al salir a la calle. Cojo lo que necesito y salgo del piso. Al llegar al coche e intentar coger la llave para abrir, la radio que llevo en la mano patina. Cuando la recojo del suelo veo que le falta una pieza. Se ha roto, o eso creo. Inmediatamente la localizo y la coloco en su sitio. Mientras probaba la radio dentro del coche, fui consciente de que ni siquiera había notado cómo había patinado la radio. No era la primera vez que me sucedía al coger algo con los guantes. Pero la elección pasa por protegerme del frío o poder tener sensibilidad.
Así sucede también con nuestro corazón. A veces le ponemos un guante para protegerlo, o mejor para protegernos. Pero al mismo tiempo, perdemos sensibilidad. Pero ¿quién quiere pasar frío? No creo que nadie quiera pasar frío (decepciones, desilusiones, golpes y heridas por distintos motivos) en su corazón, pero amar, a veces, también implica sufrir. ¿Protegeré mi corazón para que no sufra, perdiendo sensibilidad? ¿o decido pasar frío, pero tener un corazón sensible a las necesidades de los demás y aún sensible a Dios? "Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida." Proverbios 4:23
Jonatan Mira es Diseñador gráfico y miembro de VTR
© J. Mira, ProtestanteDigital.com (España, 2008).
domingo, 6 de enero de 2008
Las tres cosas más difíciles
Benjamin Franklin debió ser uno de esos tipos a los que les gusta compilar en pocas palabras algo profundo y cierto; que no verdad, por cuanto no tiene porque ser exacto. Y es que los dogmas humanos, sean de quienes sean, siempre son subjetivos; es decir, basados en las experiencias personales del individuo. Por tanto carentes de la condición necesaria y suficiente que conforman la Verdad, que no es otra que el cumplimiento indiscriminado; es decir, pese a nuestras lecturas, interpretaciones, condiciones, circunstancias y puntos de vista.
Pues bien, Benjamin Franklin tenía una frase con la cual puede que no todo el mundo se sienta identificado, y de ahí la introducción, y que decía: “Las tres cosas más difíciles de esta vida son: guardar un secreto, perdonar un agravio y aprovechar el tiempo”
Pues bien, Benjamin Franklin tenía una frase con la cual puede que no todo el mundo se sienta identificado, y de ahí la introducción, y que decía: “Las tres cosas más difíciles de esta vida son: guardar un secreto, perdonar un agravio y aprovechar el tiempo”Si B.F. estaba siendo totalmente sincero en el momento en que dijo ésta frase, ella nos habla de cuáles eran sus debilidades. Es decir, las condiciones de su ser que le hacían especialmente frágil frente al chismorreo, el orgullo y la inclinación a permanecer ocioso.
En este caso, es evidente, que la cobardía, o el miedo al qué dirán, no era una de sus flaquezas, antes debía ser todo un valiente o lo suficiente mayor como para no importarle ya lo que pudieran pensar de él. Más teniendo en cuenta que era un hombre dedicado a la política.
Pero la cuestión no son las tres cosas más difíciles en la vida de este hombre, sino las tres cosas más difíciles de nuestras vidas. Pero yo ni tan siquiera me las había planteado seriamente y la verdad, ahora que me pongo a pensar en ello, no sé… tengo tantas entre las que elegir que me cuesta decidir. Bueno, estoy seguro que aprovechar el tiempo es una de ellas. Hablo en general, porque tan siquiera sé si por ejemplo escribir esto es una prolongación de mi ocio, y si así fuera y además es una pérdida de tiempo el problema sería más serio de lo que pensaba.
En este estudio, si pudiera llamarse así, tendría mucha importancia la empatía, que es la capacidad de identificarse con otro sujeto, o algo que ver con esto. Y es que probablemente en el caso de saber identificar en nuestros congéneres las debilidades que sufrimos de la misma o distinta forma, nuestras miserias, las consecuencia de nuestras debilidades, dejarían de parecernos tan miserables y vergonzosas, al menos desde un punto de vista egoísta. Porque evidentemente no por ello dejarán nunca de ser miserias, porque en este caso las miserias del hombre, lo que la Biblia llama nuestros errores o pecados, son un hecho indistintamente de nuestras lecturas, interpretaciones, condiciones, circunstancias y puntos de vista.
Debiera aclarar que Dios no es cruel por recordarnos esto. Ante todo es como el amigo que quiere lo mejor para nuestras vidas y por ello nos advierte de dónde y por qué tropezamos. No para lastimarnos, sino precisamente porque no quiere que nos hagamos daño, ni a nosotros, ni a quienes nos rodean. Y todo ello sin importarle por otro lado que le hagamos daño a Él.
¿Sabéis? Si las debilidades son verdad, que lo son, no debiera darnos tanta vergüenza reconocerlas y tan siquiera aceptarlas. No por cuanto todos las compartimos de una u otra forma, sino porque son verdad, una parte inherente de nuestra persona. Una parte pese a la cual Dios decidió amarnos aun cuando no la compartía. He hizo lo que de verdad se llama empatía, identificarse con nosotros aún más allá de lo mental y emocional hacerse hombre y ser experimentado en todo como nosotros, pero sin pecado, para tener misericordia y que su misericordia fuera efectiva, porque el ama al pecador, que no al pecado. Por eso nos dice: “bástate mi gracia, porque mi poder ser perfecciona en la debilidad.” Y por la misma lógica, y con esto concluímos, si queremos experimentar su gracia hemos de reconocer nuestras debilidades así como nuestros errores.
viernes, 4 de enero de 2008
Tres noches en Berlín
Si te ofrecieran hacer un viaje a alguna ciudad europea, ¿cuál escogerías? Pues bien, más o menos, ésta fue la ocasión que se me presentó a finales del verano pasado y mi respuesta, no la única, fue Berlín.
También propuse el país alpino, Suiza. Si bien, mi tía, a quien acompañaría en este viaje, prefirió el primero, alegando que Suiza era demasiado perfecta como para luego tener que volver a nuestra desastrosa, aunque querida, capital hispalense. En fin, la próxima vez será, eso sí, en verano.
Bueno, antes de nada, no sé quien acompañaba a quien, si mi tía a mí o yo a mi tía, por aquello de que fue uno el que organizó la visita que un día de estos detallaré. Lo que sí está claro es quien puso la manteca, jeje... y ese sí que no fui yo. Dank tita!
También propuse el país alpino, Suiza. Si bien, mi tía, a quien acompañaría en este viaje, prefirió el primero, alegando que Suiza era demasiado perfecta como para luego tener que volver a nuestra desastrosa, aunque querida, capital hispalense. En fin, la próxima vez será, eso sí, en verano.Bueno, antes de nada, no sé quien acompañaba a quien, si mi tía a mí o yo a mi tía, por aquello de que fue uno el que organizó la visita que un día de estos detallaré. Lo que sí está claro es quien puso la manteca, jeje... y ese sí que no fui yo. Dank tita!
La verdad, creo que para alguien como yo, que como quien dice, lo más lejos que había ido hasta ahora era a la panadería que está a la vuelta de la esquina, tampoco me costó demasiado trabajo desenvolverme por la capital teutona. Lo cierto es que el Señor nos guardó y no permitió ningún percance. También es verdad que visto el funcionamiento de una ciudad europea, vistas todas. Eso y que prácticamente memoricé el plano del centro por medio del google earth. De modo que siempre tuve una ligera sensación haber pasado ya por allí, y no me refiero al clásico "déjà-vu".
Tan sólo en una ocasión me sentí algo desorientado y eso fue cuando desembarcamos en el aeropuerto de Tegel, en Berlín. Ahí, mi tia, más ducha en pasear por terminales nos sacó del apuro y también ahí, por primera vez, hice uso de mi inglés, o debería decir de mis gestos. La verdad, no sabía que lo tenía tan oxidado hasta que llegué allí. Una cosa muy distinta es escribirlo y otra hablarlo. Si bien con paciencia al final nos acabábamos entendiendo, y así conseguí mi primer mapa del servicio de transporte urbano de la ciudad.
Arrivamos
Jeje, entender el mapa, al contrario de lo que pensé, iba a ser un pelín más complicado. Las líneas de Metro, Cercanía y Tranvía aparecían perfectamente detalladas. Otro cantar eran las líneas de autobuses, muy mal reflejadas. Precisamente lo que entonces necesitábamos para llegar a la ciudad. El caso es que tras un breve debate con mi tía sobre qué línea de Bus coger, ni corta ni perezosa la solución que se le ocurrió no fue otra que preguntarle a alguien que hablara español. Jaja, la solución me daba risa, como si los españoles que habían llegado con nosotros no estuvieran en una situación parecida. Pues no, providencialmente nos cruzamos en la parada con dos muchachas hablando en español. La una venía a despedir a la otra. La primera se trataba de una argentina que pese haber vivido algunos años en Alemania no había perdido su inconfundible acento, así que no nos atrevimos a preguntar (aunque ahora que lo pienso igual era uruguaya). Si esto fuera poco, tenía que coger el mismo autobus que nosotros y durante el trayecto nos explicó como desenvolvernos con las líneas de Cercanía que nos dejarían junto a nuestro Hotel. Sabios consejos, porque en los próximos días volveríamos a usar el tren.
En resumidas cuentas, se trataba de coger en Tegel el autobus X9, bajarse en Zoologischer Garten y en la estación de dicho lugar dirigirse a los andenes señalados con la letra S (coloreada en blanco sobre fondo circular verde), lo cual venía a ser la C blanca y roja de nuestros cercanías. Una vez allí sólo era cuestión de escoger el andén correcto y esperar el tren.
La primera sorpresa fue ver como los trenes pasaban cada cinco o siete minutos, y comprobar, tras estrenar por vez primera mi alemán: -Friedrichstrafe? (el nombre de la calle de nuestro hotel) que el estado de los vagones no era mucho mejor que los de aquí.
Curiosidades
No fue la única sorpresa que me depararía el viaje. Fue grato averiguar que la fama de secos y ásperos de los alemanes no les hacía honor, al contrario, me resultaron bastante agradables. Por otro lado, fue curioso observar la cantidad de semáforos y señales de tráfico de las que carecía el centro de la ciudad, e imagino que el resto. Eso sí, el tráfico en el centro estaba restringido y el transporte urbano era excelente. Pero no por eso dejaba de ser inquietante ver como tenías que cruzar una calle lo suficiente ancha como para requerirlo y no había ni un Paso de Cebra cerca. Corrijo, allí no se les podía llamar Paso de Cebra porque precisamente no estaban señalados con las clásicas rayas blancas sobre el asfalto. Tampoco me acabé de acostumbrar a que no existiese la señal verde intermitente para peatones. Del verde pasaba directamente al rojo. Jeje, esto te llevaba algún susto si no te andabas con ojo.
Arquitectónicamente me sorprendió el buen aspecto de las edificaciones, fuera aparte de los edificios históricos (los pocos que quedaron en pie tras la Batalla de Berlin). Tenía la sensación de que ninguno de ellos debía tener más de 10 o 20 años. Luego me encantó ver como armonizaba el estilo clásico de algunos edificios con otros más modernos y de líneas más sobrias.
Por otra parte me dejó estupefacto las señales que la guerra había dejado en los edificios que llegaron a sobrevivir a ésta. Prácticamente uno podía saber si ese edificio era histórico o una imitación clasicista en base a si tenía o no señales de haber recibido impactos de balas y obuses. También fue impresionante ver agujereadas por balas las esculturas del parque y las que estaban alrededor del monumento a la Victoria. Así como la iglesia junto a Zoologischer Garten que permanece en el mismo estado en el que quedó tras la guerra. Fijándote en ella, por un momento, podías viajar en el tiempo.
Pulsar aquí para ver más fotos.
Tan sólo en una ocasión me sentí algo desorientado y eso fue cuando desembarcamos en el aeropuerto de Tegel, en Berlín. Ahí, mi tia, más ducha en pasear por terminales nos sacó del apuro y también ahí, por primera vez, hice uso de mi inglés, o debería decir de mis gestos. La verdad, no sabía que lo tenía tan oxidado hasta que llegué allí. Una cosa muy distinta es escribirlo y otra hablarlo. Si bien con paciencia al final nos acabábamos entendiendo, y así conseguí mi primer mapa del servicio de transporte urbano de la ciudad.Arrivamos
Jeje, entender el mapa, al contrario de lo que pensé, iba a ser un pelín más complicado. Las líneas de Metro, Cercanía y Tranvía aparecían perfectamente detalladas. Otro cantar eran las líneas de autobuses, muy mal reflejadas. Precisamente lo que entonces necesitábamos para llegar a la ciudad. El caso es que tras un breve debate con mi tía sobre qué línea de Bus coger, ni corta ni perezosa la solución que se le ocurrió no fue otra que preguntarle a alguien que hablara español. Jaja, la solución me daba risa, como si los españoles que habían llegado con nosotros no estuvieran en una situación parecida. Pues no, providencialmente nos cruzamos en la parada con dos muchachas hablando en español. La una venía a despedir a la otra. La primera se trataba de una argentina que pese haber vivido algunos años en Alemania no había perdido su inconfundible acento, así que no nos atrevimos a preguntar (aunque ahora que lo pienso igual era uruguaya). Si esto fuera poco, tenía que coger el mismo autobus que nosotros y durante el trayecto nos explicó como desenvolvernos con las líneas de Cercanía que nos dejarían junto a nuestro Hotel. Sabios consejos, porque en los próximos días volveríamos a usar el tren.
En resumidas cuentas, se trataba de coger en Tegel el autobus X9, bajarse en Zoologischer Garten y en la estación de dicho lugar dirigirse a los andenes señalados con la letra S (coloreada en blanco sobre fondo circular verde), lo cual venía a ser la C blanca y roja de nuestros cercanías. Una vez allí sólo era cuestión de escoger el andén correcto y esperar el tren.La primera sorpresa fue ver como los trenes pasaban cada cinco o siete minutos, y comprobar, tras estrenar por vez primera mi alemán: -Friedrichstrafe? (el nombre de la calle de nuestro hotel) que el estado de los vagones no era mucho mejor que los de aquí.
Curiosidades
No fue la única sorpresa que me depararía el viaje. Fue grato averiguar que la fama de secos y ásperos de los alemanes no les hacía honor, al contrario, me resultaron bastante agradables. Por otro lado, fue curioso observar la cantidad de semáforos y señales de tráfico de las que carecía el centro de la ciudad, e imagino que el resto. Eso sí, el tráfico en el centro estaba restringido y el transporte urbano era excelente. Pero no por eso dejaba de ser inquietante ver como tenías que cruzar una calle lo suficiente ancha como para requerirlo y no había ni un Paso de Cebra cerca. Corrijo, allí no se les podía llamar Paso de Cebra porque precisamente no estaban señalados con las clásicas rayas blancas sobre el asfalto. Tampoco me acabé de acostumbrar a que no existiese la señal verde intermitente para peatones. Del verde pasaba directamente al rojo. Jeje, esto te llevaba algún susto si no te andabas con ojo.
Arquitectónicamente me sorprendió el buen aspecto de las edificaciones, fuera aparte de los edificios históricos (los pocos que quedaron en pie tras la Batalla de Berlin). Tenía la sensación de que ninguno de ellos debía tener más de 10 o 20 años. Luego me encantó ver como armonizaba el estilo clásico de algunos edificios con otros más modernos y de líneas más sobrias.Por otra parte me dejó estupefacto las señales que la guerra había dejado en los edificios que llegaron a sobrevivir a ésta. Prácticamente uno podía saber si ese edificio era histórico o una imitación clasicista en base a si tenía o no señales de haber recibido impactos de balas y obuses. También fue impresionante ver agujereadas por balas las esculturas del parque y las que estaban alrededor del monumento a la Victoria. Así como la iglesia junto a Zoologischer Garten que permanece en el mismo estado en el que quedó tras la guerra. Fijándote en ella, por un momento, podías viajar en el tiempo.
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sábado, 1 de diciembre de 2007
Diálogos que dan sentido
Benjamin Magay: El corazón me dice que las personas son buenas por naturaleza, mi experiencia lo contrario. ¿Qué opina usted? Señor Archer. En su carrera como periodista, ¿cree que las personas son por naturaleza buenas?
Sr. Archer: No. Diría que sólo son personas.
Benjamin Magay: ¡Exacto! Sólo nuestros actos nos hacen buenos o malos. Mmmn… un momento de amor, incluso en una mala persona, puede dar sentido a una vida. ¿Quién sabe qué camino nos llevará hasta Dios?
En las películas como en la vida existen dos tipos de diálogo. Uno, los creados para rellenar metraje y dos, los que quieren transmitir mensaje. La realidad es que si algún cineasta pretendiera llenar toda su cinta con mensajes, ésta no llegaría ni a proyecto de bola de papel en la basura del más altruista de los productores. Y de llegar a algo, ya no sería película, del mismo modo que la vida ya no sería vida. Pero tal vez un único mensaje de sentido a todo un metraje. Lo que quiero decir con esto es que una decisión, una palabra escogida, o una frase meditada pueden dar sentido a toda una vida, o al menos a un sólo día.
Diamantes de sangre, es la prueba de que por ahora ésta afirmación se cumple en el cine. Ya veremos si en la vida. Pero en el film lo realmente importante no es la historia. De hecho las letras del final tan sólo nos confirman lo que todos ya sabíamos cuando nos dispusimos a ver la película. En efecto se trata de una ficción basada en hechos reales, y por tanto en cosas ya pasadas. Y ya no hay forma de cerrar las cicatrices y heridas que dejó aquella guerra. Ahora lo realmente importante es no cuanto mal haya pasado, ni cuánto mal hayamos permitido e incluso alentado, como sucede con nuestro protagonista el Sr. Archer. Sino que en el hoy y en el ahora, un solo diálogo, como en el que se sucede al final de la película, puede impedir que vuelva a suceder, puede dar sentido a todo una vida. Independientemente del odio y la malicia que hayamos arrastrado a lo largo de toda nuestra vida.
Si esto no fuera así en la vida real, no habría esperanza para los niños soldados, no existirían las cárceles, porque no creeríamos en la reinserción social y tan siquiera existirían los exámenes en segunda convocatoria, tercera, y aún menos la extraordinaria de febrero. El pasado está ahí, de hecho probablemente el pasado nos perseguirá durante largo tiempo, y en algunos casos, los más duros, toda la vida. Pero el pasado es historia pasada contra la cual no podemos hacer nada, salvo la decisión de que no vuelva a repetirse. Eso no nos convierte en buenas personas, pero tampoco nos quita de ser malas personas. Sólo somos personas. Humanos. Es decir, criaturas moralmente libres pero esclavas de la avaricia y el orgullo; del pecado.
Dios es tajante a este respecto: “no hay justo ni aún uno” y “el que incumple uno sólo de los mandamientos transgresor se hace de toda la ley.” Por lo tanto, sólo hay una condición para el hombre, la de caído. Y ni tan siquiera dentro de ésta definición existen rangos, todos somos culpables.
No obstante un momento de amor dio sentido a toda una vida. ¡Pero qué digo a una vida! A muchas vidas. Ese momento fue el sacrificio de Jesús en la cruz. El Justo por los injustos. El Dios de dioses por las criaturas. 33 años de vida que tal y como nos ha llegado a nosotros son 30 años llenos de diálogo mudo y 3 años de dialogo con un mensaje comprimido en cuatro evangelios. Y aun de no haberse sucedido su dialogo final allá en la cruz, ninguno de aquellos años hubiera tenido sentido. Nos referimos al dialogo entre el Padre y el Hijo, aquel que concluyó con el grito de victoria: ¡Consumado es!
De no ser así sólo habría personas zarandeadas de arriba abajo, del bien al mal sin distinguir el camino que nos conduciría a Dios. Mas ahora por el Hijo, el Enmanuel que traducido es Dios con nosotros, tenemos dicho camino a través del cual hemos sido reconciliados con el Padre. Por tanto no hay personas buenas o malas, hay personas perdonadas o no. Y el perdón o la salvación ya no es cuestión de un acto de bondad que contrarreste nuestros errores, sino de un paso de fe en el infinito momento de amor de Jesús.
Sr. Archer: No. Diría que sólo son personas.
Benjamin Magay: ¡Exacto! Sólo nuestros actos nos hacen buenos o malos. Mmmn… un momento de amor, incluso en una mala persona, puede dar sentido a una vida. ¿Quién sabe qué camino nos llevará hasta Dios?
En las películas como en la vida existen dos tipos de diálogo. Uno, los creados para rellenar metraje y dos, los que quieren transmitir mensaje. La realidad es que si algún cineasta pretendiera llenar toda su cinta con mensajes, ésta no llegaría ni a proyecto de bola de papel en la basura del más altruista de los productores. Y de llegar a algo, ya no sería película, del mismo modo que la vida ya no sería vida. Pero tal vez un único mensaje de sentido a todo un metraje. Lo que quiero decir con esto es que una decisión, una palabra escogida, o una frase meditada pueden dar sentido a toda una vida, o al menos a un sólo día.Diamantes de sangre, es la prueba de que por ahora ésta afirmación se cumple en el cine. Ya veremos si en la vida. Pero en el film lo realmente importante no es la historia. De hecho las letras del final tan sólo nos confirman lo que todos ya sabíamos cuando nos dispusimos a ver la película. En efecto se trata de una ficción basada en hechos reales, y por tanto en cosas ya pasadas. Y ya no hay forma de cerrar las cicatrices y heridas que dejó aquella guerra. Ahora lo realmente importante es no cuanto mal haya pasado, ni cuánto mal hayamos permitido e incluso alentado, como sucede con nuestro protagonista el Sr. Archer. Sino que en el hoy y en el ahora, un solo diálogo, como en el que se sucede al final de la película, puede impedir que vuelva a suceder, puede dar sentido a todo una vida. Independientemente del odio y la malicia que hayamos arrastrado a lo largo de toda nuestra vida.
Si esto no fuera así en la vida real, no habría esperanza para los niños soldados, no existirían las cárceles, porque no creeríamos en la reinserción social y tan siquiera existirían los exámenes en segunda convocatoria, tercera, y aún menos la extraordinaria de febrero. El pasado está ahí, de hecho probablemente el pasado nos perseguirá durante largo tiempo, y en algunos casos, los más duros, toda la vida. Pero el pasado es historia pasada contra la cual no podemos hacer nada, salvo la decisión de que no vuelva a repetirse. Eso no nos convierte en buenas personas, pero tampoco nos quita de ser malas personas. Sólo somos personas. Humanos. Es decir, criaturas moralmente libres pero esclavas de la avaricia y el orgullo; del pecado.
Dios es tajante a este respecto: “no hay justo ni aún uno” y “el que incumple uno sólo de los mandamientos transgresor se hace de toda la ley.” Por lo tanto, sólo hay una condición para el hombre, la de caído. Y ni tan siquiera dentro de ésta definición existen rangos, todos somos culpables.
No obstante un momento de amor dio sentido a toda una vida. ¡Pero qué digo a una vida! A muchas vidas. Ese momento fue el sacrificio de Jesús en la cruz. El Justo por los injustos. El Dios de dioses por las criaturas. 33 años de vida que tal y como nos ha llegado a nosotros son 30 años llenos de diálogo mudo y 3 años de dialogo con un mensaje comprimido en cuatro evangelios. Y aun de no haberse sucedido su dialogo final allá en la cruz, ninguno de aquellos años hubiera tenido sentido. Nos referimos al dialogo entre el Padre y el Hijo, aquel que concluyó con el grito de victoria: ¡Consumado es!
De no ser así sólo habría personas zarandeadas de arriba abajo, del bien al mal sin distinguir el camino que nos conduciría a Dios. Mas ahora por el Hijo, el Enmanuel que traducido es Dios con nosotros, tenemos dicho camino a través del cual hemos sido reconciliados con el Padre. Por tanto no hay personas buenas o malas, hay personas perdonadas o no. Y el perdón o la salvación ya no es cuestión de un acto de bondad que contrarreste nuestros errores, sino de un paso de fe en el infinito momento de amor de Jesús.
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