jueves, 11 de octubre de 2007

Trascendencia en la pequeña pantalla

Estás cruzando un desierto y la sed te invade y te domina. Si sigues andando, ya no es porque quieras salir de ese paraje, es porque quieres encontrar agua. Andas y andas y cada vez la necesidad se vuelve más apremiante, pero sólo hallas espejismos de ilusión y cactus llenos de espinas. Entonces, coges una piedra y con tus últimas fuerzas la estampas contra el verde cactus que derrama el agua amarga que bebes...

Es cuánto menos curioso que las series del momento sean: Héroes, Lost (Perdidos), Kyle XY, Los 4400, House, Me llamo Earl, Battlestar Galáctica, Stargate y alguna más que seguro se me escapa. El caso es éste: que teniendo todas las papeletas para convertirnos en la generación más intrascendente que ha parido madre, y no por falta de logros sino por nuestra anémica forma de pensar, resulte, en cambio, que la pequeña pantalla se esté llenando de historias cargadas de los argumentos y pensamientos que tradicionalmente se han vinculado a la filosofía y la religión.

¿Qué fuerza o ser sobrenatural rige el destino de los supervivientes de un accidente aéreo en una isla perdida del pacífico? ¿Por qué todos los enfermos mienten cuando se juegan la vida en ello? ¿Los incidentes que nos acaecen son sólo anécdotas de la casualidad o tienen que ver con el propósito eterno de Dios? ¿Es verdad que si hacemos cosas buenas, nos pasan también cosas buenas? ¿Cuál es el destino de la humanidad? ¿Debemos ser honestos cuando nos preguntan, aun cuando sabemos que no es la verdad lo que quieren oír? ¿Existe tal cosa como el destino? ¿Y qué es el destino? [...] Son sólo algunas de las preguntas que directa o indirectamente nos plantean las series del momento. Evidentemente las preguntas no dejan de estar basadas en historias fantásticas, pero... ¿acaso éstas historias no están construidas con los pensamientos de nuestra realidad?

Los precedentes, en el 7ºArte trascendente

Bueno, evidentemente esto no es algo nuevo. De hecho, parto de la base de que toda expresión humana del arte es trascendente; incluso la abstracta, porque tiene la pretensión de pasar a la posteridad, además de sugerir significado más allá de su significante. El corazón del hombre latirá un número determinado de veces, pero su espíritu vivirá eternamente. En otras palabras: Dios lo hizo todo hermoso en su tiempo y puso eternidad en el corazón del hombre.

No sé quien abriría la brecha, siempre hay una primera vez para todo, pero estoy seguro que películas como 2001 Odisea en el espacio en 1968, o La Guerra de las Galaxias en 1977, marcarían un antes y un después. Yo me inclino más por ésta última, por aquello de ser totalmente original y no una adaptación para el cine como la anterior, por eso y porque Star Wars no tiene ninguna base ni pretensión científica, por pequeña que ésta fuera. En cambio está cargada de cuestiones morales, como la lucha entre el bien y el mal; o cuestiones metafísicas, como la existencia de un destino, la revelación de profecías y la vida más allá de la muerte, entre otras.

Sin duda Star Wars se ha convertido en el mayor exponente de trascendencia en el 7ºArte. Y la prueba de ello es la comunidad religiosa que ha surgido entorno a la doctrina jedi, enmarcada en los episodios de la saga y en lo que se denomina el universo expandido: dibujos animados, libros, comics, todo lo que teniendo que ver con la película tiene el sello Lucas Arts. Tal vez a la mayoría esto nos suene a chiste, pero no se trata de ninguna broma, en Gran Bretaña en el año 2001, el jedismo ya era la cuarta religión, por delante del judaísmo.

De la gran pantalla a la pequeña pantalla.

Probablemente los títulos que más nos sonarán serán Héroes y Lost, pero sin duda no han sido los primeros. Como con el cine tampoco sé por dónde empezó ésta fiebre, tampoco me importa mucho, pero sé que por allá en 1978 se estrenaba una serie llamada Galáctica, Estrella de Combate que por la razón que fuera, aunque intuyo el porqué, tan sólo duró dos temporadas y al menos una malograda película. En cambio en el 2003 salía un remake de ésta serie, con el título Battlestar Galáctica, que ya va camino de su cuarta temporada. ¿Casualidad? Tal vez, pero el argumento es el mismo. Por cierto, para quien haya visto Los Diez Mandamientos de Charlton Heston, o mejor, haya leído el libro del Éxodo, la historia le resultará tremendamente familiar.

Si bien, en honor a la verdad, muchos años antes, en 1966, se emitía por vez primera una serie llamada Star Trek, que desde entonces no ha parado... o como saludaría un vulcano, ha tenido una Larga y prospera vida, jeje qué friki. Pero quizás no sea el prototipo de serial trascendente, porque al contrario que el resto, aquí el protagonista, la raza humana, sólo son virtudes. Por descontado que es una serie que peca de seudo-científica, por aquello de que pretenda explicar en términos científicos lo que se ignora; pero es cuánto menos curioso que se dibuje la visión utópica de un planeta tierra en donde el mal ya no existe más, y en cambio, para esto, no halle ningún tipo de explicación.

Básicamente de la noche a la mañana la humanidad, tras su primer contacto con una raza alienígena, los vulcanos, pasamos de pelearnos entre nosotros mismos a explorar el Universo e ir solventando los problemas del resto de razas que pueblan el Cosmos. Lo cual es realmente ilustrativo, porque por una parte en esos alienígenas la serie proyecta nuestros pecados y por otra parte, comprobamos que en el fondo, estamos esperando que por arte de magia, algo o alguien venga de las estrellas y de repente seamos transformados en las fantásticas criaturas que no somos. No sé, pero viendo este tipo de series, con sólo pensarlo un poco, es dificil no creer que somos criaturas pecadoras y que necesitamos ser salvados, principalmente de nosotros mismos.

La pequeña cartelera.

Tenemos muchas series, ya las citamos al principio, pero ésta es la que más me ha gustado, y como ya ha acabado, valga esto como homenaje, jeje.

A falta de emitirse la última temporada de
Stargate SG-1 (ver aquí: fan site) en España, en los Estados Unidos ya se ha despedido la que, a mi juicio, es posiblemente la serie que mejor ha sabido mezclar el humor, la fantasía y la ciencia ficción. La trama, en resumidas cuentas, va de un grupo de operaciones especiales, que viaja por las estrellas a través de puertas intergalácticas, que crean artificialmente momentáneos agujeros de gusano que permiten teletransportar a aquellos que la atraviesen en cuestion de segundos. En estos planetas se enfrentan a multitud de peligros, pero el mayor de todos es una raza alienígena usurpadora de cuerpos, conocida como los Goa'ul, que se hacen pasar por dioses y cuyo único fin es someter a toda la Galaxia.

Cuenta la historia que hubo un tiempo en que los humanos también estuvieron bajo su yugo. Aquellos Goa'ul tomaron el control de los cuerpos de viejos emperadores y reyes, como los faraones. Pero una rebelión logró expulsarlos del planeta, y para evitar que volvieran, los egipcios enterraron el Stargate o Chapajai. La misma puerta intergaláctica que unos arqueólogos en el S.XX encontraría en unas excavaciones. La misma por la que ahora las Fuerzas Aéreas de los EE.UU. enviaban a estas fuerzas especiales con objeto de adquirir nueva tecnología y así luchar contra los falsos dioses, lo Goa'ul.

Es interesante como la serie usa la mitología griega, celta, babilónica, egipcia,... para dar un toque de verisimilitud a la historia. También es verdad que se toman muchas licencias. Pero lo curioso de todo ello es que dentro del fantástico mundo de Stargate, no saben donde incluir la religión judeocristiana y todos sus derivados. Estoy casi seguro que es por una cuestión de respeto. Pero no deja de llamarnos la atención que a la vez que se cuenta la historia de la lucha contra los falsos dioses, entre los personajes, a menudo surjan conversaciones sobre la fe. Que a pesar de tanta mentira y engaño en torno a la religión, exista aún el anhelo de conocer y ser conocido por el Creador. Como diría A. N. Wilson (según cita de John Stott) - Aunque descarto cualquier lealtad religiosa formal, que desprecio como esa combinación moribunda de superstición y engaño, con todo reconozco que hallo fuertes impulsos religiosos dentro de mí y sentimientos de humildad indescriptible ante el misterio de las cosas.1 Bastaría decir, que en la última escena de la serie, el the end, se ve al grupo de operaciones dirigirse hacia la puerta a enfrentarse contra los falsos dioses, mientras el general de la base les dice: id con Dios.

¿Qué es trascendencia?

Según John Sott: "Hasta hace relativamente poco tiempo, la palabra "trascendencia" ha sido una palabra un tanto pedante, poco usada, mal entendida y, en general, restringida a las instituciones de formación teológica, que distinguen entre trascendencia (que significa: Dios por encima de nosotros) e inmanencia (que significa: Dios con y en medio de nosotros). Sin embargo, hoy en día, principalmente debido a la moda de la meditación trascendental, todo el mundo tiene alguna idea de lo que significa trascendencia. La búsqueda de trascendencia es la búsqueda de una realidad que está por encima y más allá del orden material. Nace de la convicción de que la realidad no se puede confinar a un tubo de ensayo o a un cristal que examinamos bajo el microscopio. Tiene que haber algo más, algo impresionante, que ningún instrumento científico es capaz de captar o medir."1

La casualidad que el episodio 10x6 de Stargate, que veía la pasada noche, cerraba con la siguiente cita: "La ciencia ficción es una metáfora existencial que nos permite contar historias sobre la condición humana. Isaac Asimov dijo una vez: - Las historias de ciencia ficción individualmente podrían parecer triviales a los pensadores y filósofos de hoy en día. Pero el núcleo de la ciencia ficción es el único camino a la salvación, si es que vamos a salvarnos después de todo."

Quién sabe, pero a lo mejor resulta que Isaac Asimov no iba del todo mal encaminado, con aquello de que el núcleo de la ciencia ficción es el único camino a la salvación. Sí, puede, porque tal vez el núcleo de la ciencia ficción sea una manifestación más de la sempiterna sed de trascendencia del ser humano; de la sed de Dios. Y en ese sentido sólo Dios puede saciar nuestra sed, porque nuestra necesidad al fin y al cabo es Él mismo. No se trata de encontrar un sorbo de agua más, aunque sea amarga, que nos permita caminar hasta la próxima oportunidad de tomar otro trago, con la única esperanza de que ésta vez no sea amarga. Nuestra necesidad es salir del desierto en el que vivimos, hallar las respuestas a las preguntas que el ser humano siempre se ha hecho y siempre se hará.

"Tomás le dijo: Señor no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino? Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida nadie viene al Padre, sino por mí. Si me conocieseis, también a mi Padre conocerías; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto."

1 pag 86-87. Porque soy cristiano de John Stott.
Editorial Andamio - ISBN 84-96551-20-2

jueves, 13 de septiembre de 2007

Crónicas del Siglo XX: La guerra de los seis días

También conocida entre el pueblo árabe como la guerra de junio, éste acontecimiento marcó un antes y un después en Oriente Medio.

La década de los 60 fue sin lugar a dudas una de las épocas que más ha influido en el curso de la historia moderna. Si se me permite decirlo así, la década de los 60 fue el cierre de exclamación al grito de incertidumbre acerca del futuro que se abría en los años 40 con motivo de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). Ésta catapultó al púlpito a dos grandes superpotencias, la URSS y los EE.UU., y sólo había una batuta. Sin embargo, por paradójico que nos parezca, sería el nacimiento de una insignificante nación, la que a su vez marcaría el paso a estas dos superpotencias, hablamos del estado de Israel, fundado allá por el año 1948.

Se pueden contar más de una decena de importantísimos acontecimientos acaecidos en ésta década de los 60. Entre ellos la desocupación de las últimas colonias europeas; el fin de la carrera espacial, la fundación de la bases sobre las que se construiría la Comunidad Económica Europea, actual Unión Europea; o el estallido de la guerra de Vietnam. O simplemente personajes de la envergadura del Che Guevara, John Fitzgerald Kennedy o Martin Luther King, entre otros. O más triviales, en el mundo de la música, pero que han dejado también su huella, tales como Elvis Presley, los Beatles, o los Rolling Stones. Y por si esto fuera poco, en ésta década, la humanidad estuvo al borde al menos en dos ocasiones de una tercera Guerra Mundial. Una de ellas con holocausto nuclear incluido pendiente de un hilo; de un hilo telefónico, el que se creo entre Washington y Moscú, el llamado teléfono rojo, durante la Crisis de los Misiles de Cuba.

No obstante, hubo otro acontecimiento de igual o mayor relevancia. A modo de simil: “Los demás hechos… ¿no están escritos en el libro de las Crónicas de los reyes de Judá?”*

Hablamos de la tercera guerra árabe-judía, en los primero días de junio de 1967. Éste año se cumplía su cuadragésimo aniversario. Con ese motivo, algunas publicaciones internacionales publicaban extensos reportajes, como la BBC. Y de manera casi casual llegaba a mis manos gracias a un coleccionable, de estos que tanto vemos en los kioscos, el libro de Michael B. Oren, titulado La Guerra de los Seis Días. Huelga decir que los medios informativos españoles, haciendo gala de su antisemitismo, apenas, si es que nada, se hicieron eco de la noticia.

Pero qué hizo de la Guerra de los Seis Días un acontecimiento tan relevante para la historia. Para eso hay que conocer los antecedentes…

Por el año 1967 Israel era un estado muy joven, recordemos que fue fundado en el 1948, casi como objeto de compensación por el holocausto judío. No obstante, al contrario de lo que muchos piensan, antes de ésta fecha ya había judíos conviviendo en Palestina bajo la autoridad colonial británica. Digo conviviendo, porque en efecto coexistían con los ascendientes de los actuales palestinos.

La idea de un estado judío empezaba a cobrar forma sobre mediados del siglo XIX, bajo el movimiento denominado como sionismo. Sion es el monte sobre el cual se halla asentada la ciudad de Jerusalén. En verdad, el sionismo tan sólo era una forma de revivir los sentimientos del Salmo 137; escrito muchos siglos antes, en el periodo del destierro babilónico.

Junto a los ríos de Babilonia,
nos sentábamos y llorábamos,
al acordarnos de Sion.

Antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial, los judíos asentados en Palestina, en palabras del propio Michael B. Oren, eran ya una nación de hecho, un estado incipiente. Con instituciones tanto sociales, económicas y educativas que superaron en poco tiempo a las facilitadas por la metrópolis.

Pero en ojos de los palestinos, quienes llevaban ya siglos habitando ésta tierra, éste vertiginoso desarrollo de la Yishuv, o comunidad judía en Palestina, sólo les parecía otra agresión más del imperialismo occidental. A pesar de qué esta comunidad tenía las mismas ambiciones que los propios palestinos, la independencia del dominio colonial, y pese a que los judíos hasta entonces habían sido tolerados por el Islam durante mucho tiempo, los palestinos no hacían distinción entre estos y los británicos. No se concebía un estado extranjero en el propio corazón del mundo árabe. Según Oren eso sólo lo veían como otra odiosa forma de colonialismo.

Hasta que en 1936, tres grandes oleadas de emigración judía culminó con la revuelta árabe contra los británicos y los propios judíos. Su duración fue de tres años y terminó con el exilio de muchos de los líderes árabes de Palestina y el debilitamiento de su economía. En cambio, la Yishuv, crecía con fuerza.

Pero no todo quedó en aguas de borrajas. Los británicos que hasta ahora habían jugado a dos bandas, haciendo sendas promesas de independencia a judíos y palestinos, temerosos de que se radicalizase la posición musulmana y se extendiese al resto de las colonias árabes, anularon bajo decreto la “Declaración Balfour,” la promesa de un futuro estado judío. Si bien, ya era tarde. Como quien dice, parecía que todo estaba predestinado. La causa palestina cobró simpatía entre el resto de naciones árabes, los propios palestinos habían optado por una postura radical, según Oren, Hajj Amin al-Husayni, quien se autoproclamó representante de los árabes en Palestina, ligó su suerte a la de Hitler: aniquilar la “raza judía.” Pero si durante el periodo de 1939-1945 parecía que el sionismo había sido neutralizado, con el fin de la Segunda Guerra Mundial el sionismo resurgió con ansias de venganza. El holocausto se había cobrado la vida de entre cinco y seis millones de judíos; y en buena parte por culpa del decreto “White Paper” que años atrás había anulado la “Declaración Balfour.”

Con el apoyo del presidente de EE.UU. Harry Truman y el enconado esfuerzo del sionismo, en 1947 Gran Bretaña renunció a su capacidad resolutiva sobre Palestina, pasándole el testigo a unas jovencísimas Naciones Unidas, cuya Asamblea General resolvió la creación de dos estados en Palestina, uno árabe y otro judío. A lo cual se opusieron los propios palestinos. Concurriendo, el día siguiente a la resolución, en un ataque contra diversos asentamientos judíos. Estos aun tardarían unos meses en pasar a la ofensiva, pero una vez iniciaron la operación ésta resultó todo un éxito, logrando salvar todos los asentamientos. La reacción palestina fue de terror, asustados por las posibles represalias, cientos de miles de palestinos huyeron en espera de que el resto de las fuerzas árabes de las naciones vecinas intervinieran y expulsaran a los llamados “usurpadores” judíos.

Así en mayo de 1948 las naciones árabes se lanzaron al ataque en lo que ellos mismos denominaron “una acción policial.” Pero para el otoño de 1948 las recientemente creadas Fuerzas de Defensa de Israel (IDF), conocidas como Tsahal, habían conseguido detener en la frontera a las fuerzas invasoras, e incluso hacer retroceder a Egipto. De modo que a principios de 1949 El Cairo solicitó el Armisticio. La Guerra de la Independencia, como la habían llamado los israelíes supuso toda una victoria.

Si bien ésta sólo logró alojar más resentimiento en el corazón de Ismael, hacia su hermano Isaac**. Esto se tradujo a lo largo de toda la siguiente década en continuas incursiones sobre Eretz Israel por grupos apoyados por Egipto y las represalias de la IDF a estos ataques. Egipto también dio lugar al incumplimiento reiterado del armisticio, llegando a su punto álgido en el bloqueo de los estrechos de Tirán, una pequeña embocadura, al sur de la península del Sinaí y que es para Israel, lo que para Occidente es el Canal de Suez. Canal que en estos años el propio Egipto nacionalizó.

También fue en ésta década, cuando la URRS dejó su tradicional postura pro-israelí a favor de las naciones árabes. En palabras de Oren la URSS ya no podía sacar nada más del sionismo, pues el Imperio Británico estaba en vías de desaparición, Israel era un modelo de estado capitalista y además la alineación de las naciones árabes a la causa comunista permitiría amenazar el suministro de petróleo a Occidente.

Estas circunstancias llevaron a los estados israelíes, británicos y franceses a una alianza militar contra Egipto con el fin de liberar tanto el Canal de Suez, como poner fin al bloqueo de los estrechos de Tirán. Si bien la comunidad internacional, quien no consideraba una agresión la nacionalización del Canal, condenó la acción de británicos y franceses; mientras que, consternada por los ataques terroristas y el bloqueo de los estrechos de Tirán, defendió la legitimidad de la acción israelí.

Así, el último capítulo del colonialismo europeo en Oriente Próximo llegaba a su fin, y en su lugar mediaba la Asamblea General de las Naciones Unidas. Que finalmente alcanzaba una solución consensuada por ambas partes, que consistiría en desplegar una fuerza de pacificación, denominada UNEF, en la propia península del Sinaí; bajo el siguiente prerrequisito: Egipto podría volver a prescindir de ésta fuerza sólo después de que la Asamblea General diese el visto bueno. Por otro lado Israel podría responder en defensa propia de acuerdo al artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas si los estrechos de Tirán volvían a ser bloqueados.

Así pues, el resultado fue igualmente favorable para ambos bandos. Nasser, el lider egipcio, se jactaba de haber vencido al colonialismo europeo. E Israel, si bien no había alcanzado el reconocimiento del pueblo árabe y había perdido el apoyo de la URSS, sí había logrado el respeto del resto del mundo. Y pese al fracaso de la paz, al menos habían logrado 10 años de relativa calma. En palabras del autor de La Guerra de los Seis Días: “una sólida década de desarrollo.”


Corría octubre del año 1956 y en efecto, pasaría una década hasta la próxima guerra árabe-judía: La Guerra de los Seis días. Continuará.

* Expresión extraída del libro de los Reyes, onceavo y decimosegundo del Antiguo Testamento, que hace referencia a los otros dos libros históricos que al igual que estos narran principalmente la historia de Israel durante las dinastías davídicas.
** Isaac e Ismael son los dos hijos que le nacieron al patriarca Abraham, cada uno de distinta madre. De acuerdo con las Escrituras, Isaac hijo de Sarai, esposa de Abraham, e Ismael, hijo de Agar, sierva de Sarai. No obstante, los ismaelitas, el pueblo árabe, niega ésta versión, e incluso afirman que no fue Isaac a quien Dios pidió a Abraham que sacrificase sobre el monte Moriah, en Sión, sino a Ismael.

sábado, 25 de agosto de 2007

1. Respeto: ¿Qué hora tienes?

De ser el respeto un reloj en nuestra muñeca me atrevería a decir que pocos andan en hora, al menos sincronizados. No obstante siempre hay quienes estiman que un reloj en hora es aquel que ronda dos, cinco, ocho o más minutos sobre la hora exacta; a priori el reloj marcha. Pero, en realidad no esta cumpliendo su función.

Asimismo hay multitud de definiciones acerca del respeto, y escribir una sería tan sólo eso. Sería como dar la hora con un desfase, minuto arriba o minuto abajo, que de entrar en nuestro margen de lo que es un "reloj en hora” sabríamos consentir. Pero por más que nos gustase al final no lo podríamos resistir, ya que muchos adelantos o retrasos a la postre producen un cambio horario. Lo que traducido en términos sociológicos significa un distanciamiento entre las personas. Y así como en el planeta hay distintas zonas horarias, en la sociedad hay distintos grupos; y no me vengo a referir a clases económicas o culturales, sino en efecto a credos acerca del respeto.

No hay nada más que ver la sociedad que nos ha tocado dar vida… Nunca antes habían sido tan cortas las distancias entre las personas, ni tan siquiera la diferencia en cuanto a la capacidad de acceder a la cultura o a la información, y aún si me apuras, en cuanto al nivel económico ya que se aprecia una uniformidad a amplios intervalos. Y en cambio, nunca antes hubo una sociedad tan polarizada en cuanto al afecto y al respeto entre unos y otros. Aun dentro de los propios núcleos sociales las personas, pese a rozarse por la calle o cuando entran en el ascensor, se prestan a alejarse a un millón de kilómetros las unas de las otras.

Desde luego que la manecilla no debe marcar bien. Y no me refiero a la grande, puesto que si aún en el seno familiar se está diluyendo el respeto, el desfase debe afectar ya a la que marca las horas. Si es que no ha llegado a influir el calendario.

• ¿Cómo recuperaremos las horas perdidas, si es que no fueron días?

Ni tan siquiera me planteo la posibilidad de que esto sea posible. Menos que sea una de esas cosas que se puedan arreglar con una acertada definición o unas emotivas palabras. Existe una expresión muy viva que dice: “si algo falta, no lo reproches, ¡súplelo!” Supongo que esto es igual, porque lo más importante no es que te respeten, sino que respetes, y en el mejor de los casos quizás por el ejemplo, algo mucho más valioso que unas palabrejas como éstas, alguien aprenda a respetar. Si bien, este debe ser el último fin de nuestros actos, porque quizás jamás nadie valore tu ejemplo y entonces sientas el desaliento y a la postre abandones el buen ejemplo.

• Y qué hay de las afirmaciones… yo respeto si me respetan, les respetaré cuando aprendan a respetar,…

Supongo que estas afirmaciones, aclaro, estas injustas afirmaciones, debe ser uno de esos cambios horarios de los que antes hablábamos y a los que ya tanto nos hemos acostumbrado. Nuestra sociedad presume de ser muy tolerante, pero solo es tolerante con quien la tolera. Porque es fácil amar a los amigos. Pero eso no es lo que nos enseñó Jesús, sino: “Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen.”

• ¿Cómo o quién puede devolver la coherencia a nuestros relojes?

Si tuviéramos que sincronizar todos los relojes del mundo en el acto, cogeríamos de todos sólo uno, para usarlo como referencia. Si además quisiéramos que dieran la hora más exacta posible, nuestra referencia sería aquel con más prestigio, nos referimos a un reloj atómico, puesto que es el que tiene mayor precisión, dado que su mecanismo está basado en la frecuencia de vibración atómica de cierto elemento químico.
Asimismo, para poner en hora el respeto bien es cierto que podíamos tomar alguna filosofía o religión como referencia, algunas bastante dignas, pero si queremos ser exactos, hemos de ser sinceros con nosotros mismos y reconocer que ningún hombre tiene la autoridad moral, ya por la palabra o por sus hechos de establecer qué es el respeto. En cambio la Biblia, que es la Palabra de Dios y Jesucristo quien es el propio Verbo hecho carne, la tienen. Pues precisamente, estarán todos de acuerdo conmigo, que visto como manual de ética y moral es excelente, fuente de inspiración para muchos. Pero yo, particularmente, voy más allá. Además es el único libro, pese a poder resultar utópico para el común de los mortales, que su propio autor ha puesto en obra. Evidentemente hablamos de Jesús, Dios hecho común de los mortales. Quien para cumplir su Palabra, dada por medio de los profetas, se humilló como el más común de los gusanos.

Bueno, existen varios argumentos para sostener que esto último es verdad, pero en este caso sólo nos vamos a referir a uno un tanto inusual. Es en lo que en sociología se conoce como teoría del Doble Vínculo o Doble Constreñimiento. En esencia un doble constreñimiento son dos imperativos de la misma calidad en conflicto, es decir, que se contradicen, y por lo cual ninguno de los dos puede ser ignorado. Lo cual deja al receptor ante una disyuntiva irresoluble, pues el cumplimiento de cualquiera de las dos demandas anula a la otra. Eso es una experiencia de doble vínculo, algo que exige que se resuelva un problema inevitablemente insoluble, algo artificial o ficticio, algo que por simple definición no tiene sentido en el Universo.
Unos ejemplos prácticos serían:
- Nunca me aceptes un consejo.
- Ninguna generalización tiene sentido
- O un aviso que reza: “no lea este aviso.”
- O el simple hecho de que uno asegure que “cuestiona la autoridad de X.” Lo cual le obliga a reconocer la primacía de tal autoridad.

Teniendo en cuenta estos términos entendemos la cita de Eliezer S. Yudkowsky que dice: “Usted no puede escribir un cuento en el que uno de los personajes sea más listo que usted; por definición, si usted supiera lo que ese personaje haría, usted sería tan listo como él.”
Es decir, afirmar que un hombre, y no Dios, inspiró las Escrituras es un doble constreñimiento. Porque en primer lugar no puede cuestionarlo si primero no lo reconoce, y en segundo lugar, estaría afirmando que el hombre ha inventado un personaje, más listo, más poderoso, y lo que plantea la mayor disyuntiva de todas, un ser con una moral infinitamente más elevada que la de todos nosotros juntos. Por tanto si Dios es, es que existe.*

Pero lo que es aún más ilustrativo. El simple hecho de que un hombre anhele un estado superior de paz, o lo que para mi es lo mismo, un estado de felicidad completa. Y persiga este fin por todos los medios puestos a su alcance, su moralidad, y a pesar de todo no pueda ponerla en práctica, aún por muy débil que ésta sea; necesariamente nos habla que alguien superior y ajeno al hombre, pero no necesariamente lejano, ha debido dejar ese anhelo en su corazón, llámese consciencia (Romanos 2:11-16). Porque en caso contrario, en el caso de no haber Dios, los propios designios humanos serían una experiencia de doble constreñimiento. Cosa que ineludiblemente hubiera acabado con la existencia humana, o al menos con lo que nos hace precisamente humanos. Ya que la existencia humana sería un problema inevitablemente insoluble si por sí misma, cada individuo pretende la felicidad en base a su moralidad, léase ley, y a su vez la quebranta con motivo de su propia búsqueda de la felicidad.
Por tanto, o bien reconocemos que la conciencia es obra de la Ley de Dios en los corazones, y por tanto la prueba de que Dios es, o bien somos los más miserables seres de la casualidad sin causalidad, los condenados a la infelicidad.
Como diría C.S. Lewis: “Si tengo un deseo que nada en este mundo puede saciar, deduzco que no fui hecho para este mundo.” Por tanto deduzco que el hombre no puede vivir lejos de Dios. Que su vida incongruente es debido a que intenta saciar con cosas rudimentarias sus ansias de paz. Que no sabe ni entiende, y por eso no halla la felicidad. Porque la felicidad es Cristo, porque fuimos hecho para vivir cerca de Él. Continúa.

* Tengamos en cuenta que el Dios que describe las Sagradas Escrituras es único. Claro está que para empezar habría que leerlas, pero rápidamente nos daríamos cuenta que en nada tiene que ver con los dioses del olimpo (u otros politeístas), ni aún con el que nos habla el Islam, aun cuando Mahoma afirmaría haber oído la misma voz que oyeran los profetas del Antiguo Testamento y el propio Jesús, solo que no reconocería que Éste era el propio Dios hecho hombre. Cosa sin ecuánime en todos los tiempos, inimaginable por la mente humana, que un Dios se hiciera hombre.

martes, 7 de agosto de 2007

nueva lista BOX Clásica


Me ha costado, pero por fin tengo terminada la lista de música clásica. No son todas las que son, pero tampoco son todas las que antes desconocí.
El caso es que es tremendamente difícil buscar los himnos porque, primero uno está pegado en el tema y conoce de oídas, pero no de títulos. Y luego si conoce los títulos, los conoce en español, como por ejemplo el Vuelo de las Walkirias. Pero hay que buscarlo en el idioma original, en este caso alemán, lo cual lo hace más difícil. En fin, se han quedado unas pocas en el tintero, y he hecho alguna trampa para completar la lista, es decir que no son de mi devoción.
Pero lo importante es que ya la he acabado y la podré pinchar mientras estudio, o para coger el sueño y pegarme una siesta. Bueno, espero que me sirva más para lo primero, o nos sirva si es que estás en las mismas que yo, con miras a septiembre.

miércoles, 18 de julio de 2007

Seís días contra el Atlántico

Un trabajo de 20minutos por los reporteros Eneko, J. Rada y J.A. González.

Un reportaje-cómic sobre la llegada de inmigrantes a Canárias

Trasladamos a cómic el testimonio de un liberiano que emigró a España,"lo más parecido al paraíso", en un cayuco para escapar de la guerra.

Jacques Kamra. Edad 27 años - Nació en Koyoma, una pequeña aldea del norte de Liberia - No tiene Familia, hijo único. Su padre, agricultor, murió en el guerra. Su madre desplazada a Gambia, también falleció - Llegó a Gran Canaria en abril en un cayuco - Vive en Madrid; duerme en una estación de tren.

Tierra de misioneros blancos y sueños negros. De ahí viene Jacques Kamra: LIberia. El cuerno de oro ensangrentado: escupitajos de tóxico betel y balas trazadoras. Zum Zum, y estás muerto.¿Miedo al cayuco? Nunca, miedo a la "bloody shit" (mierda sangrienta) de la tierra natal. Do you understand my point?, pregunta Jacques.
¿Entendemos su punto de vista?: nomada obligado para dejar atrás la guerra (primero Gambia, luego Senegal y Mauritania), ahorrando siete años, centavo a centavo los mil euros para la mafia del cayuco, seís días en el mar y, hace un mes, Madrid. No le deportarán, Liberia no existe para España."

Mesi, mesi español", canta ahora, con su ropita de la caridad. ¿Qué? "Gracias español" ¿Por qué? "Por cuidarnos, por abrir la puerta a los africanos".